Uno de los ejercicios más curiosos de la noche pasada fue el de ver como nos cambiaba la percepción sobre Yo soy Bea. Desgraciadamente el cambio no se produce porque hayamos visto un episodios de gran calidad sino porque hemos visto una serie que no es de Prime Time en plena franja de máxima audiencia. Y eso no debería ser malo, pero es que como los estándares de calidad de Yo soy Bea son tan bajos, pues resulta muy estridente verla en una franja donde se suelen ver cosas un poco mejores.
Dejando a un lado unos actores realmente lamentables, un guión que no sirve ni para calzar una mesa y una dirección torpe observamos como no hay el menor cuidado por hacer un prodcuto de calidad. No se puede grabar una toma en interiores con eco, es sencillamente impresentable, o se busca un sitio que no lo tenga, o se corrige en la grabación con micrófonos adecuados, o se hacen las cosas como es debido.
Y así podemos seguir hasta hartarnos pero para qué, con ocho millones de espectadores y más de un 40% de cuota de pantalla, los que pensamos que la televisión debería aspirar a ser sublime nos sentimos como marcianos.
Por cierto mañana empieza en Cuatro Ugly Betty, no tendrá ocho millones de espectadores, pero debería porque Betty Suárez, a diferencia de Bea es moderadamente feliz, mientras que nuestra fea era hasta ayer una amargada de manual. Menos mal que una depilación de cejas es la mejor cura para todos los males.
Matar un personaje puede ser en ocasiones más gozoso que crearlo, sobre todo cuando el personaje en cuestión se ha colado en todas y cada una de las sopas televisivas. Todo parece indicar que antes de que esta semana acabe Rodolfo Chikilicuatre será un cadáver televisivo, una maniobra que denota inteligencia porque el personaje estaba en el finísimo límite que separa lo gracioso de lo pesado.
Imagino que la muerte televisiva será por todo lo alto y con la certeza de que una retirada a tiempo es mucho más que una victoria. Pensemos en positivo, Rodolfo se va, pero vuelve David Fernández, un enorme actor cómico que ha quedado en estos meses fagocitado por el falso tupé de Rodolfo.
Y lo que son las cosas, ahora que los cadáveres son noticia, uno de ellos vuelve a aparecerse en una serie de televisión, como si fuera poco todo lo malo que ya ofrece Hospital Central, ahora van a incorporar por unos capítulos Ana Obregón, auténtico fiambre catódico, que se ha quedado para encargar palizas por teléfono o para rellenar series sin solución.
Me pueden decir que soy una persona con prejuicios, y creo que de hecho lo soy, pero es que a veces los hechos se colocan frente a la debida ecuanimidad. Hace tiempo que sabemos que Cuatro está tratando de remodelar su franja de la tarde y ya está confirmado que ese nuevo programa va a estar presentado por Joaquín Prat y Raquel Sánchez Silva, presentadores sobre los que tengo muchas reservas, pero de eso hablaremos cuando haya programa. Se ha escrito mucho sobre ese nuevo programa, pero tal vez lo más sorprendente es que en las últimas horas ha publicado el portal Vertele.com, afirmando que el director de ese programa va a ser Santi Acosta, a quien ustedes deben recordar por haber presentado dos de los programas más abyectos que ha parido nuestra televisión, que son Salsa Rosa y Dolce Vita.
Pero como si esto no fuera suficiente, resulta que Sandra Fernández, esposa del citado, va a codirigir el programa, y es que la figura de Fernández ha sido quien ha movido los hilos de la marioneta televisiva que ha sido y será siempre Santi Acosta, a quien deberíamos llamar desde ya Santiago, puesto que con gente de esa calaña es mejor que las confianzas sean las justas.
En definitiva, el derecho a cambiar es legítimo y a evolucionar profesionalmente, pero a la vista de los antecedentes de los programas que han presentado o dirigido este particular dúo calavera, no sería descartable que Cuatro se incorporase con todos los honores a la historia general de la vergüenza televisiva.
La revista Interviú publica esta semana que Ana Obregón pidió a su escolta que diera una paliza al presentador de Antena 3 Jaime Cantizano. Así lo dice esta revista y lo reflejan ya medios como El País o El Mundo. La propia Ana Obregón ha declarado a El País que "Jamás he encargado ninguna paliza para nadie. Eso sólo pudo surgir en un momento de enfado".
La fuente es de toda solvencia, pero si la afectada lo niega, es obligación de los periodistas que denuncian mostrar todas las pruebas que tengan para demostrar sus informaciones. Pero dejando esto a un lado, lo que realmente asombra que hayamos llegado a este punto de matonismo y lo que es más importante, que sin saber si la información es cierta o no, realmente lo parece.
En España está por escribir la intrahistoria del sucio mundo de la prensa rosa, donde casi nadie, ni periodistas ni protagonistas son completamente inocentes, porque es cierto que ¿Dónde estás corazón? es una inmundicia televisiva, pero Ana Obregón ha comerciado con su vida privada sin rubor alguno, así nadie está en este caso para dar lecciones a nadie, y palizas tampoco.
No sé paga con dinero tragarse el festival del Eurovisión de principio a fin, pero la cerveza ayuda y es que amigos el periodismo es así, unas veces se disfruta, otras no tanto.
Hay poco que contar de un festival que estuvo muy bien planificado y realizado pero que no ofreció nada más que eso porque seamos sinceros, las canciones de Eurovisión fueron inmundas de principio a fin y en el caso es que las únicas que tuvieron algo de interés fue debido a la voluptuosidad de sus intérpretes o a la imposibilidad de definir con palabras algunas puestas en escena.
El Chiki Chiki pasó de largo, Uribarri demostró por qué es una leyenda única e inimitable en el análisis geopolítico eurovisivo, y TVE afila ya sus garras para atrapar en menos de un año a algún hortera que despunte para que pueda enarbolar la rojigualda en Eurovisión 2009.
Hasta nunca Rodolfo Chikilicuatre, bienvenido al mundo de los vivos David Fernández.
Lo reconozco, estoy un pelin cansado del Chiki Chiki, de Rodolfo Chikilicuatre y de la gran farsa que está montando Andreu Buenafuente y El Terrat con la inestimable colaboración de TVE, pero la verdad es que se lo están currando a base bien. No parece probable que vayan a ganar el Festival de Eurovisión, pero el Chiki Chiki ha cruzado fronteras de una manera francamente insospechada.
Una de las cosas que mejor han hecho ha sido el Podemos Perrear, indisimulada copia del Yes we can de Barack Obama, que se ha convertido en un hito en lo que se refiere a propaganda política.
Así que como estamos a poco más de 24 horas del festival y aunque habrá post Eurovisión, es previsible que sea menos intenso que el pre festival así que disfruten del Podemos perrear, tratando eso si, de no empacharse del Chiki Chiki.
El Batú es uno de esos personajes que Internet ha hecho famosos a base del boca oreja, que a pesar de ser un método primario de transmitir conocimientos, aunque haya cambiado en la forma, en el fondo sigue siendo básicamente igual que cuando Internet no había llegado a nuestras vidas.
El caso es que El Batú es un ex presidiario y cumple con todos los requisitos para ser considerado como un macarra sin oficio ni beneficio al que entregaríamos nuestra cartera si nos lo encontrásemos en un callejón oscuro.
El Batú no sería nada más que una anécdota en Youtube si no fuera porque siempre hay una mente preclara que siente la necesidad de compartir con el mundo ese diamante en bruto. Y así, la lumbrera, que normalmente suele tener responsabilidades televisivas se pone a trabajar, busca al protagonista y lo saca en un programa nocturno de la Televisión Autonómica de Canarias, o en dos por si acaso alguien no pudo ver el primero.
Esa lumbrera juega con dinero público, no tiene el menor sentido de la ética y de la responsabilidad, y a veces llega a dirigir una cadena de televisión.
Para que luego se llenen la boca con el servicio público.
Sobre los programas con niños hay que recordar la vieja frase de Alfred Hitchcock y que tanto nos ha marcado y es que ni niños ni perros ni Charles Laughton. La frase es archiconocida y ha sido objeto de análisis por este blog. No seguiremos con ella pero la tenemos presente, sobre todo cuando se observan programas como Ya te vale. Como espectador no entiendo bien la fascinación que produce a algunos creadores de programas de televisión el punto de vista de los niños sobre todo cuando es evidente que pierden la inocencia y la frescura ante la cámara porque los niños son ya espectadores plenamente conscientes del poder que confiere salir en la pantalla.
Los adultos cuando salimos en televisión tenemos dos tendencias muy habituales, o nos hacemos el gracioso o el listo y a veces ambas al tiempo, lo que suele producir resultados francamente patéticos. El problema está cuando los niños se comportan como los adultos que ven por televisión, ahí la catástrofe está servida.
Los niños que se sientan con Gemma Nierga cada viernes en TVE serán unos hijos modélicos y es posible que saquen buenas notas pero en el programa Ya te vale se comportan como una panda de repelentes sin el menor interés que de ser yo el entrevistado me provocarían más compasión que simpatía.
Si a unos niños en estado de desgracia, sumamos una presentadora con un estilo tan almibarado no hay páncreas con capacidad para absorber tanto maltrato televisivo. Por cierto ¿se han fijado en que en los vídeos previos a los invitados la gran mayoría de los niños que aparecen lucen uniforme o chándal de uniforme? Francamente sorprendente.
Seamos sinceros, no sé a ustedes pero a este que aquí suscribe no le ha sorprendido nada de lo que ha pasado en la sucesión de episodios, cada vez más sórdidos, que le han hecho ocupar espacios en los medios de comunicación a Andrés Pajares. A nadie escapa ya que Pajares tiene serios problemas, no sólo con la ley, sino de índole mental. Esa realidad que muchos no han querido ver, ya se hizo innegable hace no muchas semanas cuando Andrés Pajares compareció en el programa de Antena 3¿Dónde estas corazón? o cuando otras muchas veces pudimos verlo en los programas que se ocupan del basurero nacional.
Siendo grave el estado de salud de Andrés Pajares, lo es mucho más el que las cadenas de televisión hayan estado haciendo el agosto a costa de una persona que tiene sus facultades mentales perturbadas paseándolo por programas de televisión a sabiendas que su cabeza no regía como debería.
Dicen que la vergüenza ajena es un sentimiento netamente español y eso precisamente es lo que se siente al ver a todos los sinvergüenzas, que se autodefinen como periodistas, perpetrando una farsa mal llamada entrevista, donde el interés es ver hasta donde llega la degradación del personaje. Hay gente que dice sentir vergüenza de los comportamientos de Pajares, pues no, la vergüenza la producen quienes bajo el manto del periodismo se comportan como auténticas hienas, en las mismas cadenas donde ahora en sus informativos sus circunspectos presentadores se preguntan qué le pasa al cómico. Pues probablemente le pasa lo mismo que cuando iba a sus programas, lo que pasa es que ahora ya es otro juguete roto.
El Gobierno de Austria ya lo ha anunciado, a todo aquel medio que publique imágenes de los hijos que esa rata llamada Josef Fritzl ha tenido con su propia hija tendrá que enfrentarse a sanciones de unos 20.000 euros. Es triste tener que ponerse la venda antes de la herida pero es que al olor de la tragedia y la sordidez los buitres del periodismo vuelan cada vez más bajo para llenarse el buche de esa carroña que tanto les alimenta.
Lo que hemos conocido en estos días rebasa el límite no sólo de lo creíble sino de lo imaginable por lo que sería deseable que los medios de comunicación, especialmente las televisiones tratasen, por una vez de obrar con responsabilidad y mirar más allá de los datos de audiencia y pensar que antes de periodistas debemos pensar como ciudadanos y eso debería hacernos reflexionar y ponernos en el lugar de quien durante años ha sido torturado y ahora, librado de esa tortura tiene que enfrentarse a la persecución de estos desalmados. Ojalá haya un momento de reflexión si me apuran hasta de compasión.
No es la primera vez que digo aquí que mi tierra natal, las Islas Canarias por si alguien aún no lo sabe, es un filón por descubrir de inmundicia televisiva. Creo que es imposible encontrar un lugar en España donde se concentre tanta porquería en un espacio tan pequeño. Si esta enorme capacidad para generar residuos, sumamos la completa ausencia deautocrítica y la extensión de la autocomplacencia el resultado es que encender una televisión en cualquiera de las islas, pero especialmente en las dos principales, Tenerife y Gran Canaria, tiene una certeza de riesgo infectocontagioso poco recomendable para estómagos sensibles.
Quienes hacen este tipo de programas de televisión disfrutan definiédose a si mismos como los más puros garantes de todo lo garantizable, desde el periodismo, como si supiesen lo que es, hasta la canariedad, como si eso existiese.
Como la mejor muestra es un botón, vean el ejemplo de El Día Televisión, y piensen que las autoridades ¿compententes? han pensado que esta cadena que emitía desde las más absoluta ilegalidad es merecedora de una licencia de TDT. Es difícil de entender, pero ya saben, estas cosas sólo pasan en las Islas Canarias donde lo inverosímil es tristemente real.
Una breve tontería para reflexionar. Leo en el suplemento tv más que acompaña al diario ABC los viernes la siguiente declaración extractada de una entrevista con Martina Klein.
“El otro día me ví en una revista paseando a mi hijo y no me gustó. Sentí que había perdido mi privacidad”.
Querida Martina, ole tus narices por no decir tus cojones, porque cuando todos los domingos te apareces en las noches de La Sexta a presentar uno de los programas más bochornosos de esa cadena, que ya es decir mucho, y que encima ese programa sea sobre la vida privada de famosos y famosillos, hay que tenerlos muy bien puestos para sentir que pierdes la privacidad por salir en una revista.
Debe ser muy complicado hacer Celebrities poniendo morritos y poses pretendidamente atractivas, mientras en el interior sufres por la pérdida de intimidad de los que salen en tu programa, porque imagino que si te sientes mal por perderla tu, te sentirás igual de mal por la que pierden los demás.
Así que Martina, la próxima vez que concedas una entrevista recuerda aquella vieja frase que dice que es mejor parecer idiota que abrir la boca y confirmarlo.
Uno de los ejercicios más curiosos de la noche pasada fue el de ver como nos cambiaba la percepción sobre Yo soy Bea. Desgraciadamente el cambio no se produce porque hayamos visto un episodios de gran calidad sino porque hemos visto una serie que no es de Prime Time en plena franja de máxima audiencia. Y eso no debería ser malo, pero es que como los estándares de calidad de Yo soy Bea son tan bajos, pues resulta muy estridente verla en una franja donde se suelen ver cosas un poco mejores.
Dejando a un lado unos actores realmente lamentables, un guión que no sirve ni para calzar una mesa y una dirección torpe observamos como no hay el menor cuidado por hacer un prodcuto de calidad. No se puede grabar una toma en interiores con eco, es sencillamente impresentable, o se busca un sitio que no lo tenga, o se corrige en la grabación con micrófonos adecuados, o se hacen las cosas como es debido.
Y así podemos seguir hasta hartarnos pero para qué, con ocho millones de espectadores y más de un 40% de cuota de pantalla, los que pensamos que la televisión debería aspirar a ser sublime nos sentimos como marcianos.
Por cierto mañana empieza en Cuatro Ugly Betty, no tendrá ocho millones de espectadores, pero debería porque Betty Suárez, a diferencia de Bea es moderadamente feliz, mientras que nuestra fea era hasta ayer una amargada de manual. Menos mal que una depilación de cejas es la mejor cura para todos los males.
Matar un personaje puede ser en ocasiones más gozoso que crearlo, sobre todo cuando el personaje en cuestión se ha colado en todas y cada una de las sopas televisivas. Todo parece indicar que antes de que esta semana acabe Rodolfo Chikilicuatre será un cadáver televisivo, una maniobra que denota inteligencia porque el personaje estaba en el finísimo límite que separa lo gracioso de lo pesado.
Imagino que la muerte televisiva será por todo lo alto y con la certeza de que una retirada a tiempo es mucho más que una victoria. Pensemos en positivo, Rodolfo se va, pero vuelve David Fernández, un enorme actor cómico que ha quedado en estos meses fagocitado por el falso tupé de Rodolfo.
Y lo que son las cosas, ahora que los cadáveres son noticia, uno de ellos vuelve a aparecerse en una serie de televisión, como si fuera poco todo lo malo que ya ofrece Hospital Central, ahora van a incorporar por unos capítulos Ana Obregón, auténtico fiambre catódico, que se ha quedado para encargar palizas por teléfono o para rellenar series sin solución.
Me pueden decir que soy una persona con prejuicios, y creo que de hecho lo soy, pero es que a veces los hechos se colocan frente a la debida ecuanimidad. Hace tiempo que sabemos que Cuatro está tratando de remodelar su franja de la tarde y ya está confirmado que ese nuevo programa va a estar presentado por Joaquín Prat y Raquel Sánchez Silva, presentadores sobre los que tengo muchas reservas, pero de eso hablaremos cuando haya programa. Se ha escrito mucho sobre ese nuevo programa, pero tal vez lo más sorprendente es que en las últimas horas ha publicado el portal Vertele.com, afirmando que el director de ese programa va a ser Santi Acosta, a quien ustedes deben recordar por haber presentado dos de los programas más abyectos que ha parido nuestra televisión, que son Salsa Rosa y Dolce Vita.
Pero como si esto no fuera suficiente, resulta que Sandra Fernández, esposa del citado, va a codirigir el programa, y es que la figura de Fernández ha sido quien ha movido los hilos de la marioneta televisiva que ha sido y será siempre Santi Acosta, a quien deberíamos llamar desde ya Santiago, puesto que con gente de esa calaña es mejor que las confianzas sean las justas.
En definitiva, el derecho a cambiar es legítimo y a evolucionar profesionalmente, pero a la vista de los antecedentes de los programas que han presentado o dirigido este particular dúo calavera, no sería descartable que Cuatro se incorporase con todos los honores a la historia general de la vergüenza televisiva.
La revista Interviú publica esta semana que Ana Obregón pidió a su escolta que diera una paliza al presentador de Antena 3 Jaime Cantizano. Así lo dice esta revista y lo reflejan ya medios como El País o El Mundo. La propia Ana Obregón ha declarado a El País que "Jamás he encargado ninguna paliza para nadie. Eso sólo pudo surgir en un momento de enfado".
La fuente es de toda solvencia, pero si la afectada lo niega, es obligación de los periodistas que denuncian mostrar todas las pruebas que tengan para demostrar sus informaciones. Pero dejando esto a un lado, lo que realmente asombra que hayamos llegado a este punto de matonismo y lo que es más importante, que sin saber si la información es cierta o no, realmente lo parece.
En España está por escribir la intrahistoria del sucio mundo de la prensa rosa, donde casi nadie, ni periodistas ni protagonistas son completamente inocentes, porque es cierto que ¿Dónde estás corazón? es una inmundicia televisiva, pero Ana Obregón ha comerciado con su vida privada sin rubor alguno, así nadie está en este caso para dar lecciones a nadie, y palizas tampoco.
No sé paga con dinero tragarse el festival del Eurovisión de principio a fin, pero la cerveza ayuda y es que amigos el periodismo es así, unas veces se disfruta, otras no tanto.
Hay poco que contar de un festival que estuvo muy bien planificado y realizado pero que no ofreció nada más que eso porque seamos sinceros, las canciones de Eurovisión fueron inmundas de principio a fin y en el caso es que las únicas que tuvieron algo de interés fue debido a la voluptuosidad de sus intérpretes o a la imposibilidad de definir con palabras algunas puestas en escena.
El Chiki Chiki pasó de largo, Uribarri demostró por qué es una leyenda única e inimitable en el análisis geopolítico eurovisivo, y TVE afila ya sus garras para atrapar en menos de un año a algún hortera que despunte para que pueda enarbolar la rojigualda en Eurovisión 2009.
Hasta nunca Rodolfo Chikilicuatre, bienvenido al mundo de los vivos David Fernández.
Lo reconozco, estoy un pelin cansado del Chiki Chiki, de Rodolfo Chikilicuatre y de la gran farsa que está montando Andreu Buenafuente y El Terrat con la inestimable colaboración de TVE, pero la verdad es que se lo están currando a base bien. No parece probable que vayan a ganar el Festival de Eurovisión, pero el Chiki Chiki ha cruzado fronteras de una manera francamente insospechada.
Una de las cosas que mejor han hecho ha sido el Podemos Perrear, indisimulada copia del Yes we can de Barack Obama, que se ha convertido en un hito en lo que se refiere a propaganda política.
Así que como estamos a poco más de 24 horas del festival y aunque habrá post Eurovisión, es previsible que sea menos intenso que el pre festival así que disfruten del Podemos perrear, tratando eso si, de no empacharse del Chiki Chiki.
El Batú es uno de esos personajes que Internet ha hecho famosos a base del boca oreja, que a pesar de ser un método primario de transmitir conocimientos, aunque haya cambiado en la forma, en el fondo sigue siendo básicamente igual que cuando Internet no había llegado a nuestras vidas.
El caso es que El Batú es un ex presidiario y cumple con todos los requisitos para ser considerado como un macarra sin oficio ni beneficio al que entregaríamos nuestra cartera si nos lo encontrásemos en un callejón oscuro.
El Batú no sería nada más que una anécdota en Youtube si no fuera porque siempre hay una mente preclara que siente la necesidad de compartir con el mundo ese diamante en bruto. Y así, la lumbrera, que normalmente suele tener responsabilidades televisivas se pone a trabajar, busca al protagonista y lo saca en un programa nocturno de la Televisión Autonómica de Canarias, o en dos por si acaso alguien no pudo ver el primero.
Esa lumbrera juega con dinero público, no tiene el menor sentido de la ética y de la responsabilidad, y a veces llega a dirigir una cadena de televisión.
Para que luego se llenen la boca con el servicio público.
Sobre los programas con niños hay que recordar la vieja frase de Alfred Hitchcock y que tanto nos ha marcado y es que ni niños ni perros ni Charles Laughton. La frase es archiconocida y ha sido objeto de análisis por este blog. No seguiremos con ella pero la tenemos presente, sobre todo cuando se observan programas como Ya te vale. Como espectador no entiendo bien la fascinación que produce a algunos creadores de programas de televisión el punto de vista de los niños sobre todo cuando es evidente que pierden la inocencia y la frescura ante la cámara porque los niños son ya espectadores plenamente conscientes del poder que confiere salir en la pantalla.
Los adultos cuando salimos en televisión tenemos dos tendencias muy habituales, o nos hacemos el gracioso o el listo y a veces ambas al tiempo, lo que suele producir resultados francamente patéticos. El problema está cuando los niños se comportan como los adultos que ven por televisión, ahí la catástrofe está servida.
Los niños que se sientan con Gemma Nierga cada viernes en TVE serán unos hijos modélicos y es posible que saquen buenas notas pero en el programa Ya te vale se comportan como una panda de repelentes sin el menor interés que de ser yo el entrevistado me provocarían más compasión que simpatía.
Si a unos niños en estado de desgracia, sumamos una presentadora con un estilo tan almibarado no hay páncreas con capacidad para absorber tanto maltrato televisivo. Por cierto ¿se han fijado en que en los vídeos previos a los invitados la gran mayoría de los niños que aparecen lucen uniforme o chándal de uniforme? Francamente sorprendente.
Seamos sinceros, no sé a ustedes pero a este que aquí suscribe no le ha sorprendido nada de lo que ha pasado en la sucesión de episodios, cada vez más sórdidos, que le han hecho ocupar espacios en los medios de comunicación a Andrés Pajares. A nadie escapa ya que Pajares tiene serios problemas, no sólo con la ley, sino de índole mental. Esa realidad que muchos no han querido ver, ya se hizo innegable hace no muchas semanas cuando Andrés Pajares compareció en el programa de Antena 3¿Dónde estas corazón? o cuando otras muchas veces pudimos verlo en los programas que se ocupan del basurero nacional.
Siendo grave el estado de salud de Andrés Pajares, lo es mucho más el que las cadenas de televisión hayan estado haciendo el agosto a costa de una persona que tiene sus facultades mentales perturbadas paseándolo por programas de televisión a sabiendas que su cabeza no regía como debería.
Dicen que la vergüenza ajena es un sentimiento netamente español y eso precisamente es lo que se siente al ver a todos los sinvergüenzas, que se autodefinen como periodistas, perpetrando una farsa mal llamada entrevista, donde el interés es ver hasta donde llega la degradación del personaje. Hay gente que dice sentir vergüenza de los comportamientos de Pajares, pues no, la vergüenza la producen quienes bajo el manto del periodismo se comportan como auténticas hienas, en las mismas cadenas donde ahora en sus informativos sus circunspectos presentadores se preguntan qué le pasa al cómico. Pues probablemente le pasa lo mismo que cuando iba a sus programas, lo que pasa es que ahora ya es otro juguete roto.
El Gobierno de Austria ya lo ha anunciado, a todo aquel medio que publique imágenes de los hijos que esa rata llamada Josef Fritzl ha tenido con su propia hija tendrá que enfrentarse a sanciones de unos 20.000 euros. Es triste tener que ponerse la venda antes de la herida pero es que al olor de la tragedia y la sordidez los buitres del periodismo vuelan cada vez más bajo para llenarse el buche de esa carroña que tanto les alimenta.
Lo que hemos conocido en estos días rebasa el límite no sólo de lo creíble sino de lo imaginable por lo que sería deseable que los medios de comunicación, especialmente las televisiones tratasen, por una vez de obrar con responsabilidad y mirar más allá de los datos de audiencia y pensar que antes de periodistas debemos pensar como ciudadanos y eso debería hacernos reflexionar y ponernos en el lugar de quien durante años ha sido torturado y ahora, librado de esa tortura tiene que enfrentarse a la persecución de estos desalmados. Ojalá haya un momento de reflexión si me apuran hasta de compasión.
No es la primera vez que digo aquí que mi tierra natal, las Islas Canarias por si alguien aún no lo sabe, es un filón por descubrir de inmundicia televisiva. Creo que es imposible encontrar un lugar en España donde se concentre tanta porquería en un espacio tan pequeño. Si esta enorme capacidad para generar residuos, sumamos la completa ausencia deautocrítica y la extensión de la autocomplacencia el resultado es que encender una televisión en cualquiera de las islas, pero especialmente en las dos principales, Tenerife y Gran Canaria, tiene una certeza de riesgo infectocontagioso poco recomendable para estómagos sensibles.
Quienes hacen este tipo de programas de televisión disfrutan definiédose a si mismos como los más puros garantes de todo lo garantizable, desde el periodismo, como si supiesen lo que es, hasta la canariedad, como si eso existiese.
Como la mejor muestra es un botón, vean el ejemplo de El Día Televisión, y piensen que las autoridades ¿compententes? han pensado que esta cadena que emitía desde las más absoluta ilegalidad es merecedora de una licencia de TDT. Es difícil de entender, pero ya saben, estas cosas sólo pasan en las Islas Canarias donde lo inverosímil es tristemente real.
Una breve tontería para reflexionar. Leo en el suplemento tv más que acompaña al diario ABC los viernes la siguiente declaración extractada de una entrevista con Martina Klein.
“El otro día me ví en una revista paseando a mi hijo y no me gustó. Sentí que había perdido mi privacidad”.
Querida Martina, ole tus narices por no decir tus cojones, porque cuando todos los domingos te apareces en las noches de La Sexta a presentar uno de los programas más bochornosos de esa cadena, que ya es decir mucho, y que encima ese programa sea sobre la vida privada de famosos y famosillos, hay que tenerlos muy bien puestos para sentir que pierdes la privacidad por salir en una revista.
Debe ser muy complicado hacer Celebrities poniendo morritos y poses pretendidamente atractivas, mientras en el interior sufres por la pérdida de intimidad de los que salen en tu programa, porque imagino que si te sientes mal por perderla tu, te sentirás igual de mal por la que pierden los demás.
Así que Martina, la próxima vez que concedas una entrevista recuerda aquella vieja frase que dice que es mejor parecer idiota que abrir la boca y confirmarlo.
Uno de los ejercicios más curiosos de la noche pasada fue el de ver como nos cambiaba la percepción sobre Yo soy Bea. Desgraciadamente el cambio no se produce porque hayamos visto un episodios de gran calidad sino porque hemos visto una serie que no es de Prime Time en plena franja de máxima audiencia. Y eso no debería ser malo, pero es que como los estándares de calidad de Yo soy Bea son tan bajos, pues resulta muy estridente verla en una franja donde se suelen ver cosas un poco mejores.
Dejando a un lado unos actores realmente lamentables, un guión que no sirve ni para calzar una mesa y una dirección torpe observamos como no hay el menor cuidado por hacer un prodcuto de calidad. No se puede grabar una toma en interiores con eco, es sencillamente impresentable, o se busca un sitio que no lo tenga, o se corrige en la grabación con micrófonos adecuados, o se hacen las cosas como es debido.
Y así podemos seguir hasta hartarnos pero para qué, con ocho millones de espectadores y más de un 40% de cuota de pantalla, los que pensamos que la televisión debería aspirar a ser sublime nos sentimos como marcianos.
Por cierto mañana empieza en Cuatro Ugly Betty, no tendrá ocho millones de espectadores, pero debería porque Betty Suárez, a diferencia de Bea es moderadamente feliz, mientras que nuestra fea era hasta ayer una amargada de manual. Menos mal que una depilación de cejas es la mejor cura para todos los males.
Matar un personaje puede ser en ocasiones más gozoso que crearlo, sobre todo cuando el personaje en cuestión se ha colado en todas y cada una de las sopas televisivas. Todo parece indicar que antes de que esta semana acabe Rodolfo Chikilicuatre será un cadáver televisivo, una maniobra que denota inteligencia porque el personaje estaba en el finísimo límite que separa lo gracioso de lo pesado.
Imagino que la muerte televisiva será por todo lo alto y con la certeza de que una retirada a tiempo es mucho más que una victoria. Pensemos en positivo, Rodolfo se va, pero vuelve David Fernández, un enorme actor cómico que ha quedado en estos meses fagocitado por el falso tupé de Rodolfo.
Y lo que son las cosas, ahora que los cadáveres son noticia, uno de ellos vuelve a aparecerse en una serie de televisión, como si fuera poco todo lo malo que ya ofrece Hospital Central, ahora van a incorporar por unos capítulos Ana Obregón, auténtico fiambre catódico, que se ha quedado para encargar palizas por teléfono o para rellenar series sin solución.
Me pueden decir que soy una persona con prejuicios, y creo que de hecho lo soy, pero es que a veces los hechos se colocan frente a la debida ecuanimidad. Hace tiempo que sabemos que Cuatro está tratando de remodelar su franja de la tarde y ya está confirmado que ese nuevo programa va a estar presentado por Joaquín Prat y Raquel Sánchez Silva, presentadores sobre los que tengo muchas reservas, pero de eso hablaremos cuando haya programa. Se ha escrito mucho sobre ese nuevo programa, pero tal vez lo más sorprendente es que en las últimas horas ha publicado el portal Vertele.com, afirmando que el director de ese programa va a ser Santi Acosta, a quien ustedes deben recordar por haber presentado dos de los programas más abyectos que ha parido nuestra televisión, que son Salsa Rosa y Dolce Vita.
Pero como si esto no fuera suficiente, resulta que Sandra Fernández, esposa del citado, va a codirigir el programa, y es que la figura de Fernández ha sido quien ha movido los hilos de la marioneta televisiva que ha sido y será siempre Santi Acosta, a quien deberíamos llamar desde ya Santiago, puesto que con gente de esa calaña es mejor que las confianzas sean las justas.
En definitiva, el derecho a cambiar es legítimo y a evolucionar profesionalmente, pero a la vista de los antecedentes de los programas que han presentado o dirigido este particular dúo calavera, no sería descartable que Cuatro se incorporase con todos los honores a la historia general de la vergüenza televisiva.
La revista Interviú publica esta semana que Ana Obregón pidió a su escolta que diera una paliza al presentador de Antena 3 Jaime Cantizano. Así lo dice esta revista y lo reflejan ya medios como El País o El Mundo. La propia Ana Obregón ha declarado a El País que "Jamás he encargado ninguna paliza para nadie. Eso sólo pudo surgir en un momento de enfado".
La fuente es de toda solvencia, pero si la afectada lo niega, es obligación de los periodistas que denuncian mostrar todas las pruebas que tengan para demostrar sus informaciones. Pero dejando esto a un lado, lo que realmente asombra que hayamos llegado a este punto de matonismo y lo que es más importante, que sin saber si la información es cierta o no, realmente lo parece.
En España está por escribir la intrahistoria del sucio mundo de la prensa rosa, donde casi nadie, ni periodistas ni protagonistas son completamente inocentes, porque es cierto que ¿Dónde estás corazón? es una inmundicia televisiva, pero Ana Obregón ha comerciado con su vida privada sin rubor alguno, así nadie está en este caso para dar lecciones a nadie, y palizas tampoco.
No sé paga con dinero tragarse el festival del Eurovisión de principio a fin, pero la cerveza ayuda y es que amigos el periodismo es así, unas veces se disfruta, otras no tanto.
Hay poco que contar de un festival que estuvo muy bien planificado y realizado pero que no ofreció nada más que eso porque seamos sinceros, las canciones de Eurovisión fueron inmundas de principio a fin y en el caso es que las únicas que tuvieron algo de interés fue debido a la voluptuosidad de sus intérpretes o a la imposibilidad de definir con palabras algunas puestas en escena.
El Chiki Chiki pasó de largo, Uribarri demostró por qué es una leyenda única e inimitable en el análisis geopolítico eurovisivo, y TVE afila ya sus garras para atrapar en menos de un año a algún hortera que despunte para que pueda enarbolar la rojigualda en Eurovisión 2009.
Hasta nunca Rodolfo Chikilicuatre, bienvenido al mundo de los vivos David Fernández.
Lo reconozco, estoy un pelin cansado del Chiki Chiki, de Rodolfo Chikilicuatre y de la gran farsa que está montando Andreu Buenafuente y El Terrat con la inestimable colaboración de TVE, pero la verdad es que se lo están currando a base bien. No parece probable que vayan a ganar el Festival de Eurovisión, pero el Chiki Chiki ha cruzado fronteras de una manera francamente insospechada.
Una de las cosas que mejor han hecho ha sido el Podemos Perrear, indisimulada copia del Yes we can de Barack Obama, que se ha convertido en un hito en lo que se refiere a propaganda política.
Así que como estamos a poco más de 24 horas del festival y aunque habrá post Eurovisión, es previsible que sea menos intenso que el pre festival así que disfruten del Podemos perrear, tratando eso si, de no empacharse del Chiki Chiki.
El Batú es uno de esos personajes que Internet ha hecho famosos a base del boca oreja, que a pesar de ser un método primario de transmitir conocimientos, aunque haya cambiado en la forma, en el fondo sigue siendo básicamente igual que cuando Internet no había llegado a nuestras vidas.
El caso es que El Batú es un ex presidiario y cumple con todos los requisitos para ser considerado como un macarra sin oficio ni beneficio al que entregaríamos nuestra cartera si nos lo encontrásemos en un callejón oscuro.
El Batú no sería nada más que una anécdota en Youtube si no fuera porque siempre hay una mente preclara que siente la necesidad de compartir con el mundo ese diamante en bruto. Y así, la lumbrera, que normalmente suele tener responsabilidades televisivas se pone a trabajar, busca al protagonista y lo saca en un programa nocturno de la Televisión Autonómica de Canarias, o en dos por si acaso alguien no pudo ver el primero.
Esa lumbrera juega con dinero público, no tiene el menor sentido de la ética y de la responsabilidad, y a veces llega a dirigir una cadena de televisión.
Para que luego se llenen la boca con el servicio público.
Sobre los programas con niños hay que recordar la vieja frase de Alfred Hitchcock y que tanto nos ha marcado y es que ni niños ni perros ni Charles Laughton. La frase es archiconocida y ha sido objeto de análisis por este blog. No seguiremos con ella pero la tenemos presente, sobre todo cuando se observan programas como Ya te vale. Como espectador no entiendo bien la fascinación que produce a algunos creadores de programas de televisión el punto de vista de los niños sobre todo cuando es evidente que pierden la inocencia y la frescura ante la cámara porque los niños son ya espectadores plenamente conscientes del poder que confiere salir en la pantalla.
Los adultos cuando salimos en televisión tenemos dos tendencias muy habituales, o nos hacemos el gracioso o el listo y a veces ambas al tiempo, lo que suele producir resultados francamente patéticos. El problema está cuando los niños se comportan como los adultos que ven por televisión, ahí la catástrofe está servida.
Los niños que se sientan con Gemma Nierga cada viernes en TVE serán unos hijos modélicos y es posible que saquen buenas notas pero en el programa Ya te vale se comportan como una panda de repelentes sin el menor interés que de ser yo el entrevistado me provocarían más compasión que simpatía.
Si a unos niños en estado de desgracia, sumamos una presentadora con un estilo tan almibarado no hay páncreas con capacidad para absorber tanto maltrato televisivo. Por cierto ¿se han fijado en que en los vídeos previos a los invitados la gran mayoría de los niños que aparecen lucen uniforme o chándal de uniforme? Francamente sorprendente.