Californication, palabras de más, palabras de menos.
¿Cómo se puede diferenciar una serie española de una estadounidense? Pues hay muchas maneras, el maestro Hernán Casciari dice que las españolas se pueden entender viéndolas a velocidad 2x sin perderse ningún detalle, y no le falta razón. Otra gran diferencia es que los americanos manejan el lenguaje audiovisual de manera mucho más sutil y habilidosa que sus compañeros españoles.
Las series americanas son capaces de describir un personaje con un par de planos, en España nos haría falta un montón de planos y unos diálogos aclaratorios para conseguir esa misma descripción. De Tony Soprano sabemos tanto de cómo es y lo que hace por lo que dice pero muchas veces más por como lo vemos interactuar con su entorno.
Anoche cuando comenzó “Californication” en FOX vimos a David Duchovny como llegaba en su Porsche a una iglesia y como apagaba un cigarrillo en una pila de agua bendita. El plano con grúa con el que la serie comienza retrata a un tipo descreído, con problemas y con el rumbo ciertamente alterado, cuado vemos como apaga el cigarrillo sabemos que todo eso que intuíamos era cierto. No hizo falta ni una línea de diálogo, nada, sólo un actor y el adecuado punto de vista. No quiero decir que debamos volver al cine mudo ni nada por el estilo pero la capacidad evocadora y de construcción dramática de la ficción norteamericana es sencillamente inigualable.
“Californication” es una serie dura en el sentido que el sexo está presente en muchos fotogramas pero es una serie interesante, al menos a priori. El personaje tiene unos frentes de conflicto abiertos que pueden ser dramáticamente muy provechosos y es que un padre de una adolescente, separado, escritor en crísis y con irrefrenable pasión por el sexo es muy interesante.
Además de en FOX donde podremos verla todos lunes también la veremos en Cuatro próximamente.
