En las últimas semanas he perfilado una pareja de ases capaz de llevarse cualquier mano en los debates entre partidarios y detractores del hip hop. Dos discos que echan por tierra imágenes tópicas y difamatorias que extienden la idea de que este es un género de sonido anémico, árido, sin imaginación y sin recursos. Ninguno de los dos álbumes es mocito, pero como hay que tomarse su debido tiempo para digerir las cosas y lo bueno no tiene fecha de caducidad, creo que sigue siendo válido rescatarlos ahora que la gente interesada en la música está más preocupado de ver qué dará de sí 2008. Hay un rasgo característico en los dos discos, construyen canciones que van hacia delante a partir de fragmentos de clásicos de los 60 y los 70. J Dilla y Edan no son de la misma ciudad, no son de la misma raza y no comparten credo, pero se ve que crecieron escuchando la misma música y acabaron coincidiendo a la hora de aplicar ideas a sus producciones.
Edan “Beauty And The Beat”- El mejor disco de hip hop hecho por un blanco desde el “Endtroducing” de Dj Shadow. El productor y MC de Boston hace colisionar su vasta cultura musical, su sentido del humor y las colaboraciones de algunos amigos (Insight, Dagha, Mr. Lif y Peerce P) en un disco de hip hop lleno de wah-wah’s y delays. Para hacer todavía más incendiaria la cosa, va de menos a más.
J Dilla “Donuts”- Un excelso ejercicio de producción con 31 cortes que van directamente al grano, los más largos duran dos minutos. Consigue darle cohesión al disco con soltura, utilizando sonidos de viejas canciones de psicodelia, soul o garaje. De propina regala más de una docena de temazos. Por desgracia es su último disco, J Dilla murió días después de su publicación.
Hace unos años, a la salida de un concierto penoso de un grupo sin discos publicados, contrato con un sello o expectativas de tenerlo que nos había recomendado un amigo músico –no todas las recomendaciones de gente de este mundillo son valiosas-, un compañero periodista comentaba que con actuaciones así la gente del pueblo del que venía este grupo se iba a llevar una imagen del rock muy mala, no se iban a enganchar a escuchar música y no iban a tener ganas de repetir con cualquier otra banda. Cada navidad, viendo la programación televisiva me acuerdo de aquella reflexión.
No cabe duda de que la televisión, con su poder de difusión, su mal gusto y esa asquerosa manía de recalcar todo hasta el aburrimiento hace más daño a la música que un mal grupo. Los tradicionales especiales de navidad o las galas de nuevo cuño para escoger al artista del año son el momento culmen de los 365 días de maltrato que la televisión dispensa a la música. Una tortura en la que las compañías discográficas están metidas de lleno ofreciendo nuevos formatos televisivos en busca de estrellas con los que compensan su perdida del trozo de pastel por la caída de ventas de discos. Ahora que estamos en fechas de propósitos para el año que está a punto de entrar, yo pediría algo más de respeto por la música en la televisión. Más especiales de Raphael, aunque sean repetidos, más programas tipo Zoom Pop del Canal 24 horas y menos galas para cubrir las necesidades de las discográficas y menos idas de olla de Santiago Alcanda.
Estoy a punto de vestirme con un poncho y de construir una cabaña en un árbol. La culpa es de "Buried In Teeth", una canción de una chica que se llama Mariee Sioux, descubrimiento tardío de este 2007 que está a punto de acabar.
Hasta que viajó a la Patagonia con diecisiete años era la hija díscola de un músico de bluegrass. En Argentina, a saber por qué, decidió abrazar la mandolina de su padre y rasgar y rasgar hasta que su música acariciase como el viento. Además de heredar las habilidades de su progenitor como instrumentista, Sioux tiene una de las voces más maravillosas que escuchado en años. Versátil, sedosa y evocadora, escuchándola ya sé cómo es el ruido de los exuberantes bosques de las montañas de Nevada, el lugar donde nació.
Me gusta que, a diferencia de otros compañeros de generación como Espers o Marissa Nadler, suene misteriosa y mística sin recurrir al folk inglés y se centre en la música de raíz americana. Como Joanna Newsom, que también es de Nevada, sorprende por sus arreglos, por el uso de instrumentos a los que no nos tienen acostumbrados otros animadores del folk y por su voz, sobre todo por su voz.
La editorial Sinsentido ha publicado recientemente “El Local”, un comic del italiano Gipi, ilustrador del diario La Republica, que retrata con agilidad y frescura como se genera el combustible que alimenta la creatividad de cuatro chicos que comparten un grupo de rock. Estructurado en cinco canciones, el autor narra a través de las vivencias familiares de cada uno, de las tensiones entre ellos y de sus carencias emocionales como convierten sus composiciones en hogueras para quemar sus traumas y en sanadoras explosiones de rabia. Para los cuatro el grupo es una huida hacia delante, un vínculo que ni las ganas de dar a conocer su música, ni la búsqueda de un sello consigue romper. Se podría decir que el rock hace de ellos mejores personas, aunque sus padres no entiendan muy bien esa inquietud por aporrear instrumentos.
Como narrador, Gipi es mejor contando cosas sin palabras; dicen más las ilustraciones del grupo ensayando –muy logradas, llenas de movimiento y energía- o esas escenas familiares donde la falta de comunicación es evidente que muchos de los diálogos. No se citan géneros y no se habla de grupos, pero “El local” habla más de música que la mayoría de las entrevistas promocionales, las reseñas de discos o las críticas de conciertos.
Bueno, otro análisis de lo que está pasando en la industria de la música, publicado hoy en El País.
Tres notas sobre el artículo:
-Da una visión amplia y plural: aquí están hablando desde Bcore hasta Sony&BMG.
-Con respecto a Sony&BMG, su presidente comenta sobre el sistema de "explotación total" del músico (booking, editorial y edición) que utilizan: "A diferencia de las discográficas tradicionales, permite que el artista se desarrolle". Ah, ¿sí?
-Algo para el señor Guisasola, de Promusicae: No hablemos de ilegalidad, no hablemos de ilegalidad. que ya sabemos gracias a Público que ustedes también van en contra de la ley.
Apremiado por la obligación de elaborar una lista con lo más notable del 2007, a lo largo de este mes de noviembre me he puesto al día con muchos de los discos del año que tenía pendientes, bien "downloading" en mi programa de p2p o en la pila de promos por escuchar.
Así he descubierto el debut de The Field, "From Here We Go Sublime" -sí ese disco que ha estado practicamente todo el año en el número uno de la lista de Metacritic-. Detrás de este nombre se esconde el productor sueco Axel Willner, que aquí reúne inéditos y algunos temas que han aparecido en maxis que ha editado Kompakt.
Creo que lo que ha hecho Willner no es como para ser merecedor de la consideración de disco del año, pero si ha puesto una piedra fundamental para la revitalización de un género de la música de baile olvidado, denostado y que él ha demostrado que todavía tiene posibilidades, el trance. Un acto con el que abre camino para que otros avancen por esos sonidos, con golpes de talento puntuales. De hecho, el disco es más una colección de canciones sueltas que un trabajo con un hilo argumental o una línea de sonido común atravesándolo de principio a fin, como en los álbumes clásicos del género.
"From Here We Go Sublime" suena a The Orb, Art Of Noise y a Seefeel. Melodías ensoñadoras, brumas, ecos y ritmos hipnóticos, pero elaboradas en el siglo XXI.
Soy un espectador eventual del programa de Cristina Tárrega, lo confieso. Por supuesto no por la conductora, si no por Josemi Rodríguez Sieiro y Don Jaime Peñafiel, claro está. Estos hábitos de vez en cuanto confesables me han llevado a ver la anécdota televisiva de la semana, cuando Peñafiel se puso hablar con muchísimo atrevimiento de Bruce Springsteen. Ya se sabe, como él es el comentarista autorizado (o no) de la monarquía española, pues habla también de los conciertos que van a ver las infantas y el príncipe.
Indignado por el desmelene de la infanta Elena, clamó porque fuera a ver a Springsteen, “un artista de rock duro”. Tárrega le replicó que si eso era rock duro “qué es AC/DC”. Don Jaime, que de saber estar controla un rato, se dio cuenta de la metedura de pata y quiso desviar la atención diciendo que Bruce no toca en sus conciertos: “¿Sabes que él no toca? Lo hace todo la banda, una banda buenísima, claro está”; con un poquito de imaginación es fácil ecuchar su voz silbante. Ante esto las carcajadas y los murmullos del equipo del plató eran ya incontrolables.
Como ya hicieron con sus más recientes trabajos previos, Radiohead complementaron el lanzamiento de su último disco, "In Rainbows" -que parece que ya tiene fecha para su edición en su formato físico-, con una ferviente actividad en su página web a través de entradas en el blog y videos que ilustran el trabajo de creación.
Entre los numerosos videos que han colgado hay una referencia a la ciudad de Coruña, como he podido leer en una noticia de La Voz de Galicia que me ha reenviado David. Más como una broma o un juego que como algo a tomar en serio, ed O'Brien, el guitarrista del grupo de Oxford, recita un poema. No, no es de Yolanda Castaño, nuestra polifacética y tórrida poetisa, tránquilos. Es "El entierro de Sir John Moore" de Charles Wolfe, al parecer muy popular en Inglaterra y que O'Brien cuenta que tuvo que aprender en el colegio.
Poderoso caballero es don dinero, sí. Pero no todos los músicos caen rendidos ante una generosa cifra para reunir a su antigua banda. Aquí tres grupos que me da a mí que no los veré yo reunidos.
GALAXIE 500
Dean Wareham, Naomi Wang y Damon Krukowski
Disolución: Un buen día Wareham decidió irse cerrándole la puerta en las narices a sus compañeros.
Grupos posteriores: Luna, Damon And Naomi y Dean & Britta
Razones para no volver: Cada uno de los antiguos componentes del grupo llevan carreras muy sólidas como para remover el pasado. Además, Wareham ha dicho en alguna ocasión –a David se lo dijo- que no guarda un recuerdo especial de aquellos tiempos.
THE SMITHS
Morrissey, Johnny Marr, Andy Rourke y Mick Joyce
Disolución: Tensiones entre los componentes principales del grupo; Marr y Mozzer se llevaban fatal.
Grupos posteriores: Morrissey, The The, Electronic, Johnny Marr and The Healers, Modest Mouse y Freebass
Disolución: Separación cordial para comenzar sus respectivas carreras.
Grupos posteriores: Manolo García y Quimi Portet
Razones para no volver: El público del grupo ya sacia sus necesidades con las canciones de Manolo García en solitario. ¿Alguno echará de menos a Quimi?
Arbol, el proyecto de Miguel Marin -antiguo componente de Piano Magic o Sr. Chinarro-, edita el próximo 19 de noviembre su nuevo álbum, "You Travelled My heart Inside Out (Lejos Discos, 2007)". Como anticipo hablamos de recuerdos, música, de colaboraciones con otras disciplinas y de sus próximos proyectos.
¿Por qué Arbol sin tilde?Arbol sin tilde viene de mis años en Londres. Era el 2000 cuando paseaba por las calles de Londres, después de mucho tiempo sin practicar castellano, escuché a una pareja española. La chica dijo algo de un “árbol”, me gustó el sonido de la palabra. Para hacerla más del momento que vivía fuera de España decidí quitarle la tilde.
¿Cuál es tu primer recuerdo relacionado con la música?En mi casa los días que mi padre descansaba del trabajo nos despertaba a todos muy temprano con música de Bambino , Moncho , Manolo Caracol, La perlita de Huelva y cosas así…En mi familia se escuchaba mucho flamenco y se veía muy poca televisión cuando yo era pequeño. También recuerdo que cuando tenía como seis años mis padres me llevaron a ver un concierto de Alameda a un solar en Sevilla y había gente con melenas. Era como una fiesta de Izquierda Unida o algo así.
Has colaborado con Bigas Luna y Jean Nouvel. ¿Qué tienen en común la música, el cine y la arquitectura?Para mí mucho, me interesa la arquitectura y conozco bien el trabajo de arquitectos como Ando Tadao, Gehry, Baldeweg o el mismo Nouvel. La música, el cine y la arquitectura tienen en común el uso del espacio. En mi música el espacio es fundamental, me gusta que la música respire para que transmita comodidad y bienestar, elegancia y simpleza, al igual que en la arquitectura. Me interesa poner sonidos a edificios y estructuras. ¡La arquitectura es algo que me inspira mucho!
Frank Zappa dijo que “escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura”. ¿Cuál de las dos cosas te parece más complicada?Probablemente escribir sobre música. A mí me resulta difícil hablar de música o incluso definir músicas bajo estilos y demás. Cuando compongo es algo natural, tan sencillo como utilizar la vista.
¿Qué supone más responsabilidad: subirte a un escenario o realizar un taller en un centro de arte?Realizar un taller supone mas responsabilidad, ya que tocar en directo y hacer música es lo que mejor se me da. Hacer de profesor puede ser difícil y agotador. Me preocupo mucho de que todo el mundo salga contento o sabiendo algo nuevo cuando doy un taller.
¿Cuál ha sido tu peor vivencia como músico?En Londres, cuando llegue fue muy duro. No tenía dinero y ensayaba con un grupo. Tenía que transportar mi batería en un carrito de esos del “super” y recorrer una larga distancia hasta llegar al local. No podía pagar un taxi. Había días que hacia mucho frío y recuerdo que mi chica y yo íbamos con la batería en el carrito y caminando. Al final era divertido.
Tu nuevo disco ha sido grabado en tres ciudades distintas: Londres, Barcelona y Tokyo. ¿Sevilla es el único lugar que no te inspira?(Risas) Sevilla claro que me inspira, fue allí donde comencé mi carrera como músico y de donde salieron mis baterías y mis composiciones para mis primeras grabaciones con grupos como Sr.chinarro, Explosivos Acme o Lilium, allá por el año 95 o 96. Creo que queda mucho tiempo por delante y habrá oportunidad de crear música con inspiración sevillana. Nunca se sabe, a lo mejor el próximo disco lo hago allí. Yo creo que es el destino el que me dirige.
¿Recuerdas cuál fue el primer disco que escuchaste en el que una caja de ritmos sustituía a una batería?Fue Battiato, cuando escuche “Nómadas” en La Bola de Cristal. ¡Ufff, hace ya un montón de años!
¿Qué pensaste?Recuerdo que me llamó la atención que la caja de la batería sonara tan sintética y con mucha reverb. Era muy pequeño entonces, pero ya tocaba percusión y estaba muy obsesionado con la manera en que la gente tocaba la batería, así que más tarde entendí que eran las cajas de ritmos las que te daban ese sonido.
¿En qué ocupación de músico estás centrado estos días?Ahora vamos a hacer una pequeña gira por España para promocionar el nuevo Lp de Arbol “You travelled my heart inside out”. Estoy trabajando junto a la bailarina Teresa Navarrete de la compañía de danza Erre que Erre en un espectáculo sobre el frío donde interpreto la música en directo. También estoy haciendo un disco compartido con el japonés Kazumasa Hashimoto para el sello Noble, que saldrá en la primavera del 2008 . E intento hacer cosas con mi sello, emilii records. Queremos sacar el Lp de debut de D-fried.
¿Y dentro de un mes?Todo lo anterior y unas actuaciones en Londres con la bailarina Yamuna Devi en “The Place”.
La cita y la recontextualización son los homenajes del siglo XXI. Una forma de rendir tributo a tus grupos favoritos en la que tu creatividad e ingenio pasan del discretísimo segundo plano de la versión a compartir protagonismo con la banda que es objeto del homenaje. Una forma de pleitesía que han escogido Two Ton Sloth, un dúo de raperos norteamericanos formado por PZ y Brad Hamers, para demostrar su admiración por Broadcast.
“Two Ton Sloth Loves Broadcast” es un trabajo de improvisación sobre la música de Trish Keenan y James Cargill grabado en le verano del 2006, que ahora se puede descargar de forma gratuita de la web de su sello, Token Recluse. A pesar del contexto informal en el que fueron grabadas estas canciones, el resultado es sólido y conciso. Como ellos comentan, “los ritmos de Broadcast ofrecen posibilidades infinitas”. Las canciones son misteriosas, inquietantes y tensas. En algunas es fácil reconocer fragmentos de “Minus Two”, “Minim” o “Echo’s Answer” . “Two Ton Sloth Loves Broadcast” es algo más que una curiosidad.
Dos noticias que acabo de leer me han dejado cavilando sobre la edad de los músicos, el tiempo y la relación con su obra. Una correspondencia en la que a menudo un elemento esclaviza a los demás y conduce a una carrera artística por caminos sin decoro. Un mal que con la moda de las reuniones está ahí al acecho, amenazando a todo músico que no le aplique sentido del humor e ironía a esas estrofas de una canción de juventud que exaltan las drogas, ahora que es vegetariano y budista, o a ese estribillo en el que afirma que nunca llegará a los treinta.
Pues bien, no sé si es un ejercicio de autocensura, pero Sibyl Vane han decidido pasar página y disolverse. No sin antes hacer su primera gira por el extranjero y editar un último maxi, compartido con la banda alemana Mondo Ray. La frescura de su primer disco o la mala uva del segundo eran hijas de cierta energía juvenil y de un amateurismo que sería difícil alargar más allá de cierto etapa que, directamente, han decidido finiquitar. Inteligentes hasta el final.
Para cosas que nunca se acaban el relevo de “Loveless”. En una entrevista, Kevin Shields anuncia que este año habrá disco de My Bloody Valentine. Un trabajo que lleva en proceso desde mediados de los 90. Si ya debe ser difícil enfrentarte a una canción tuya de hace décadas, no me quiero imaginar lo que debe ser hacerlo con una inacabada. Hay algo que me lleva a pensar que Serena-Maneesh, con veinte años menos, pueden ser más excitantes que los My Bloody Valentine de hoy en día. Aunque siempre habrá cuarentones que podrán poner firme a cualquier grupo de chavales. Dos ejemplos actuales: Wire o The Ex.