envíado por ESTEBAN | 9 Noviembre 2005 | 1 comentario

Austriaco nacionalizado americano. Uno de los más prestigiosos e influyentes economistas del siglo veinte. Es un erudito de la historia del pensamiento económico.
Estudia los ciclos y los sistemas económicos. Aunque sus profesores (Böhn-Bawerk) pertenecieron a la escuela austriaca, a lo largo de su vida evoluciona, se hace keynesiano y al final de su vida, influido por el marxismo, predice la caída del sistema capitalista y el paso al socialismo.
La idea central de su trabajo, a la que llegó Schumpeter cuando no tenía sino veintitantos años y que empapó todo su trabajo posterior, desde La teoría del desarrollo económico (1912) hasta Ciclos de los negocios /1939) y Capitalismo, socialismo y democracia (1942), era la importancia de la élite empresarial para la evolución y el crecimiento, para el ciclo de los negocios y para la supervivencia del capitalismo. El elemento estratégico de la actividad empresarial era la "innovación", es decir la aplicación de las nuevas ideas en cuanto a técnica y organización, para dar lugar a transformaciones de la función de producción. La innovación frenaría el movimiento circular de la economía estacionaria y daría lugar a un desarrollo económico con una nueva posición de equilibrio, a más altos niveles de renta. En una economía dinámica de este tipo aparecería el interés, el cual era interpretado por Schumpeter como una especie de tributo impuesto por los banqueros sobre los empresarios, como retribución del crédito inflacionista. El conjunto de las innovaciones, reforzadas por los imitadores y los especuladores, daría lugar a movimientos cíclicos, latiendo la economía al triple ritmo de los Kitchins de tres años, de los Juglars de nueve años y de los Kondratiefs de cincuenta y cinco años, como fueron bautizados por Schumpeter por los respectivos descubrimientos de estos últimos.
El derrumbamiento del capitalismo, que profetiza en su Capitalismo, socialismo y democracia y que, a diferencia de en el esquema de Marx, tendría lugar no como resultado del fracaso sino del éxito del capitalismo, está también relacionado con el destino de la élite empresarial. Como en el análisis de Max Weber, el factor preponderante es aquí el influjo creciente del racionalismo, que, si bien hizo florecer al capitalismo, fue a costa de destruir el edificio social en el que se insertó. La empresa se fue haciendo a gran escala e impersonal y con la empresa a gran escala, la innovación, hasta ahora prerrogativa de los capitanes de la industria se despersonalizó y se transformó en un rutina administrativa manejada más por asalariados, que por hombres que reciben beneficios. Una burguesía compuesta de asalariados y de accionistas ausente, separados de la dirección, pierde su adhesión a la propiedad privada y a la liberad de contrato: "la propiedad desmaterializada , desfuncionalizada y ausente, no inculca ni produce lealtad como lo hacía la forma vital de propiedad". Por otra parte, el influjo político de la burguesía sobre sus antiguos protectores, las viejas clases dirigentes de la aristocracia, la nobleza y la realeza, otorga poder político a la comunidad comercial, grupo este que Schumpeter considera poco idóneo para gobernar, porque le falta ese hechizo místico necesario para gobernar a los hombres. Aquí se vislumbra el origen europeo continental de la experiencia de Schumpeter, tal como ocurre en el Camino hacia la servidumbre (1944) de Hayek, ya que Hayek se imaginaba a un estado fuerte como un estado opresivo y no como uno que estuviera constreñido por una poderosa tradición democrática.
La exaltación que hace Schumpeter del empresario se refleja en sus ideas sobre el monopolio, del cual hace una apología y también en sus opiniones sobre la economía keynesiana, a la que se opuso con firmeza. Consideraba el poder del monopolio como un incentivo adecuado y una recompensa merecida por el empresario innovador, el cual sólo podría disfrutar de este poder por un tiempo limitado, hasta que fuera roto y reemplazado, en una cadena de "destrucción creativa", por otro monopolio de innovadores. Por razones similares y también por su repugnancia a "seguir a la multitud", permaneció hostil a las implicaciones políticas de las ideas de Keynes, que él consideró una amenaza para lo que, apara él, era la fuerza conductora de la economía, o sea, la iniciativa privada, y no la política pública.
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Autor: Felipe Pigna

El 15 de febrero de 1811 nació en el Carrascal, uno de los barrios más pobres de la ciudad de San Juan, Domingo Faustino Sarmiento.
Los primeros "maestros" de Domingo fueron su padre José Clemente Sarmiento, y su tío José Eufrasio Quiroga Sarmiento que le enseñaron a leer a los cuatro años. En 1816 ingresó a una de las llamadas "Escuelas de la Patria", fundadas por los gobiernos de la Revolución, donde tuvo como educadores a los hermanos Ignacio y José Rodríguez, estos sí maestros profesionales.
Cuando terminó la primaria su madre, Doña Paula Albarracín, quiso que estudie para sacerdote en Córdoba, pero Domingo se negó y tramitó una beca para estudiar en Buenos Aires. No la consiguió y tuvo que quedarse en San Juan donde fue testigo de las guerras civiles que asolaban la provincia. Marchó al exilio en San Francisco del Monte (San Luis) junto a su tío, José de Oro. Allí fundaron una escuela que será el primer contacto de Sarmiento con la educación.
Poco después regresó a San Juan y comenzó a trabajar en la tienda de su tía. "La Historia de Grecia la estudié de memoria, y la de Roma enseguida (...); y esto mientras vendía yerba y azúcar, y ponía mala cara a los que me venían a sacar de aquel mundo que yo había descubierto para vivir en él. Por las mañanas, después de barrida la tienda, yo estaba leyendo, y una señora pasaba para la Iglesia y volvía de ella, y sus ojos tropezaban siempre, día a día, mes a mes, con este niño inmóvil insensible a toda perturbación, sus ojos fijos sobre un libro, por lo que, meneando la cabeza, decía en su casa: "¡Este mocito no debe ser bueno! ¡Si fueran buenos los libros no los leería con tanto ahínco!"
En 1827 se produjo un hecho que marcará su vida: la invasión a San Juan de los montoneros de Facundo Quiroga.
Decidió oponerse a Quiroga incorporarse al ejército unitario del General Paz con el grado de teniente participando en varias batallas. Pero Facundo parece por entonces imparable: toma San Juan y Sarmiento decidió, en 1831, exiliarse en Chile. Se empleó como maestro en una escuela de la localidad de Los Andes. Sus ideas innovadoras provocaron la preocupación del gobernador. Molesto, se mudó a Pocura y fundó su propia escuela. Allí se enamoró de una alumna con quien tendrá su primera hija, Ana Faustina.
En 1836 pudo regresar a San Juan y fundar su primer periódico, "El Zonda". Pero al gobierno sanjuanino no le cayeron nada bien las críticas de Sarmiento y decidió, como una forma de censurarlo, aplicarle al diario un impuesto exorbitante que nadie podía pagar y que provocó el cierre de la publicación en 1840. Volvió a Chile y comenzó a tener éxito como periodista y como consejero educativo de los sucesivos gobiernos.
"¿Que es pues un periódico? Una mezquina hoja de papel, llena de retazos, obra sin capítulos, sin prólogo, atestada de bagatelas del momento. Se vende una casa. Se compra un criado. Se ha perdido un perro, y otras mil frioleras, que al día siguiente a nadie interesan. ¿Qué es un periódico? Examinadlo mejor. ¿Qué más contiene?. Noticias de países desconocidos, lejanos, cuyos sucesos no pueden interesarnos. (...) Trozos de literatura, retazos de novelas. Decretos de gobierno. (...) Un periódico es el hombre. El ciudadano, la civilización, el cielo, la tierra, lo pasado, lo presente, los crímenes, las grandes acciones, la buena o la mala administración, las necesidades del individuo, la misión del gobierno, la historia contemporánea, la historia de todos los tiempos, el siglo presente, la humanidad en general, la medida de la civilización de un pueblo." D.F. Sarmiento, "El Zonda" Nro 4.
En Chile Sarmiento pudo iniciar una etapa más tranquila en su vida. Se casó con Benita, viuda de Don Castro y Calvo, adoptó a su hijo Dominguito y publicó su obra más importante: "Facundo, Civilización y Barbarie". Eligió el periodismo como trinchera para luchar contra Rosas, fundó dos nuevos periódicos: "La Tribuna" y "La Crónica" desde los que atacó duramente a Don Juan Manuel.
Entre 1845 y 1847, por encargo del gobierno chileno, visitó Uruguay, Brasil, Francia, España, Argelia, Italia, Alemania, Suiza, Inglaterra, EEUU, Canadá y Cuba. En cada uno de estos países se interesó por sus sistemas educativos, el nivel de la enseñanza y las comunicaciones. Todas estas impresiones las volcó en su libro "Viajes por Europa, Africa y América". A fines de 1845 conoció en Montevideo a Esteban Echeverría, uno de los fundadores de la fundación del 37 y como él, opositor a Rosas y exiliado. Estando en Francia, en 1846, tuvo un raro privilegio: conocer personalmente al General San Martín en su casa de Gran Bourg y mantener una larga entrevista con el libertador.
De regreso a Chile incrementó su actividad periodística contra Rosas, lo que motivó que el gobernador de Buenos Aires solicitara dos veces la extradición de Sarmiento para juzgarlo por calumnias, cosa a la que el gobierno chileno se negó.
Sarmiento pensaba que el gran problema de la Argentina era el atraso que él sintetizaba con la frase "civilización y la barbarie". Como muchos pensadores de su época, entendía que la civilización se identificaba con la ciudad, con lo urbano, lo que estaba en contacto con lo europeo, o sea lo que para ellos era el progreso. La barbarie, por el contrario, era el campo, lo rural, el atraso, el indio y el gaucho. Este dilema, según él, solo podía resolverse por el triunfo de la "civilización" sobre la "barbarie". Decía "Quisiéramos apartar de toda cuestión social americana a los salvajes por quienes sentimos sin poderlo remediar, una invencible repugnancia.". En una carta le aconsejaba a Mitre: "no trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes." Lamentablemente el progreso no llegó para todos y muchos "salvajes y bárbaros" pagaron con su vida o su libertad el "delito" de haber nacido indios o de ser gauchos y no tener un empleo fijo.
La obra literaria de Sarmiento estuvo marcada por su actuación política desde que escribió en 1845: "¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que, sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo! (...) Facundo no ha muerto ¡Vive aún! ; está vivo en las tradiciones populares, en la política y las revoluciones argentinas; en Rosas, su heredero, su complemento. (...) Facundo, provinciano, bárbaro, valiente, audaz, fue reemplazado por Rosas, hijo de la culta Buenos Aires, sin serlo él, (...) tirano sin rival hoy en la tierra." Estos párrafos del "Facundo" nos muestran el estilo de Sarmiento. Facundo, a quien odia y admira a la vez, es la excusa para hablar del gaucho, del caudillo, del desierto interminable, en fin, de la Argentina de entonces, de todos los elementos que representan para él el atraso y con los que hay que terminar por las buenas o las malas.
Sarmiento desde Chile alternó su actividad periodística con la literaria y educativa. En su libro "Viajes" (1849) se reflejan mucho más que las impresiones de un viajero atento y observador; allí se ocupó de lo que lo maravilla de los países que visita y que quisiera ver en su tierra. Pone el acento en el progreso industrial, el avance de las comunicaciones y de la educación.
En su libro "Argirópolis" (1850) dedicado a Urquiza, expresó un proyecto para crear una confederación en la cuenca del Plata, compuesta por las actuales Argentina, Uruguay y Paraguay, cuya capital estaría en la Isla Martín García. El modelo de organización era la Constitución norteamericana y proponía fomentar la inmigración, la agricultura y la inversión de capitales extranjeros.
Mantuvo fuertes polémicas con políticos y escritores de su tiempo, como Juan Bautista Alberdi, con quien no coincidía en apoyar a Urquiza. Esta polémica se expresó a través de dos libros: "Cartas Quillotanas" de Sarmiento y "Complicidad de la prensa en las guerras civiles de la República Argentina" de Alberdi. Sarmiento, no se quedó tranquilo y le respondió con dos libros más: "Las Ciento y una. Epoca preconstitucional" y "Comentarios a la Constitución de la Nación Argentina".
En 1862 el General Mitre asumió la presidencia y se propuso unificar al país. En estas circunstancias asumió Sarmiento la gobernación de San Juan. A poco de asumir dictó una Ley Orgánica de Educación Pública que imponía la enseñanza primaria obligatoria y creaba escuelas para los diferentes niveles de educación, entre ellas una con capacidad para mil alumnos, el Colegio Preparatorio, más tarde llamado Colegio Nacional de San Juan, y la Escuela de Señoritas, destinada a la formación de maestras
En sólo dos años Sarmiento cambió la fisonomía de su provincia. Abrió caminos, ensanchó calles, construyó nuevos edificios públicos, hospitales, fomentó la agricultura y apoyó la fundación de empresas mineras. Y como para no aburrirse, volvió a editar el diario "El Zonda".
En 1863 se produjo en la zona el levantamiento del Chacho Peñaloza y Sarmiento decretó el Estado de Sitio y como coronel que era, asumió personalmente la guerra contra el caudillo riojano hasta derrotarlo. El ministro del interior de Mitre, Guillermo Rawson criticó la actitud de Sarmiento de decretar el estado de sitio por considerar que era una decisión exclusiva del poder ejecutivo nacional. Sarmiento, según su estilo, renunció. Corría el año 1864.
A pedido del Presidente Mitre, en 1864 viajó a los EEUU como ministro plenipotenciario de la Argentina. De paso por Perú, donde se hallaba reunido el Congreso Americano, condenó el ataque español contra Perú, a pesar de las advertencias de Mitre para que no lo hiciera.
Sarmiento llegó a Nueva York en mayo de 1865. Acababa de asumir la presidencia Andrew Johnson en reemplazo de Abraham Lincoln, asesinado por un fanático racista. Sarmiento quedó muy impresionado y escribió "Vida de Lincoln". Frecuentó los círculos académicos norteamericanos y fue distinguido con los doctorados "Honoris Causa" de las Universidades de Michigan y Brown.
Mientras Sarmiento seguía en los Estados Unidos, se aproximaban las elecciones y un grupo de políticos los postuló para la candidatura presidencial. Los comicios se realizaron en abril de 1868 y el 16 de Agosto, mientras estaba de viaje hacia Buenos Aires, el Congreso lo consagró presidente de los argentinos. Asumió el 12 de octubre de ese año.
Cuando Sarmiento asumió la presidencia todavía se combatía en el Paraguay. La guerra iba a llevarse la vida de su querido hijo Dominguito. Sarmiento ya no volvería a ser el mismo, un profundo dolor lo acompañaría hasta su muerte.
Durante su presidencia siguió impulsando la educación fundando en todo el país unas 800 escuelas y los institutos militares (Liceo Naval y Colegio Militar).
Sarmiento había aprendido en los EEUU la importancia de las comunicaciones en un país extenso como el nuestro. Durante su gobierno se tendieron 5.000 kilómetros de cables telegráficos y en 1874, poco antes de dejar la presidencia pudo inaugurar la primera línea telegráfica con Europa. Modernizó el correo y se preocupó particularmente por la extensión de las líneas férreas. Pensaba que, como en los EEUU, el tren debía ser el principal impulsor del mercado interno, uniendo a las distintas regiones entre sí y fomentando el comercio nacional. Pero estos no eran los planes de las compañías británicas inglesas, cuyo único interés era traer los productos del interior al puerto de Buenos Aires para poder exportarlos a Londres. En lugar de un modelo ferroviario en forma de telaraña, o sea interconectado, se construyó uno en forma de abanico, sin conexiones entre las regiones y dirigido al puerto. Este es un claro ejemplo de las limitaciones que tenían los gobernantes argentinos frente a las imposiciones del capital inglés. La red ferroviaria paso de 573 kilómetros a 1331 al final de su presidencia.
En 1869 se concretó el primer censo nacional. Los argentinos eran por entonces 1.836.490, de los cuales el 31% habitaba en la provincia de Buenos Aires y el 71% era analfabeto. Según el censo, el 5% eran indígenas y el 8% europeos. El 75% de las familias vivía en la pobreza, en ranchos de barro y paja. Los profesionales sólo representaban el 1% de la población. La población era escasa, estaba mal educada y como la riqueza estaba mal distribuida. Sarmiento fomentó la llegada al país de inmigrantes ingleses y de la Europa del Norte y desalentó la de los de la Europa del Sur. Pensaba que la llegada de sajones fomentaría en el país el desarrollo industrial y la cultura. En realidad los sajones preferían emigrar hacia los EEUU donde había puestos de trabajo en las industrias. La argentina de entonces era un país rural que sólo podía convocar, lógicamente a campesinos sin tierras. Y, para tristeza de Sarmiento, la mayoría de los inmigrantes, muchos de nuestros abuelos, serán campesinos italianos, españoles, rusos y franceses.
Entre las múltiples obras de Sarmiento hay que mencionar la organización de la contaduría nacional y el Boletín Oficial que permitieron a la población en general, conocer las cuentas oficiales y los actos de gobierno. Creó el primer servicio de tranvías a caballo, diseñó los Jardines Zoológico y Botánico. Al terminar su presidencia 100.000 niños cursaban la escuela primaria.
Al finalizar su mandato apoyo la candidatura del tucumano Nicolás Avellaneda.
El 22 de agosto de 1873 Sarmiento sufrió un atentado mientras se dirigía hacía la casa de Vélez Sarsfield. Cuando transitaba por la actual esquina de Corrientes y Maipú, una explosión sacudió al coche en el que viajaba. El sanjuanino no lo escuchó porque ya padecía una profunda sordera. Los autores fueron dos anarquistas italianos, los hermanos Francisco y Pedro Guerri que confesaron haber sido contratados por hombres de López Jordán. El atentado falló porque a Francisco Guerri se le reventó el trabuco en la mano. Sarmiento salió ileso del atentado y se enteró porque se lo contaron despues.
Al finalizar su mandato en 1874, Sarmiento se retiró de la presidencia pero no de la política. En 1875 asumió el cargo de Director General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires y continuó ejerciendo el periodismo desde "La Tribuna". Poco después fue electo senador por San Juan.
En esa época vivía con su hermana, su hija y sus nietos en la calle Cuyo, actual Sarmiento 1251.
En 1879 asumió como ministro del Interior de Avellaneda, pero por diferencias políticas con el gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor, renunció al mes de haber asumido.
Durante la presidencia de Roca ejerció el cargo de Superintendente General de Escuelas del Consejo Nacional de Educación. En la época en que Sarmiento fomentaba la educación popular, el índice de analfabetos era altísimo. En el campo había muy pocas escuelas porque la mayoría de los estancieros no tenían ningún interés en que los peones y sus hijos dejaran de ser ignorantes. Cuanto menos educación tuvieran más fácil sería explotarlos.
Pero Sarmiento trataba de hacerles entender que una educación dirigida según las ideas y los valores de los sectores dominantes, lejos de poner en peligro sus intereses, los reproducía y confirmaba. "Para tener paz en la república argentina, para que los montoneros no se levanten, para que no haya vagos, es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, enseñarles a todos lo mismo, para que todos sean iguales... para eso necesitamos hacer de toda la república una escuela."
De todas formas le costó muchísimo convencer a los poderosos de que les convenía la educación popular y recién en 1882, logró la sanción de su viejo proyecto de Ley de educación gratuita, laica y obligatoria, que llevará el número 1420.
Una de sus últimas actuaciones públicas data de 1885. El presidente Roca prohibió a los militares emitir opiniones políticas. Sarmiento, que no podía estar sin expresar su pensamiento, decidió pedir la baja del ejército, y opinar libremente a través de las páginas de su diario "El Censor".
En el invierno de 1888 se trasladó al clima cálido del Paraguay junto a Aurelia Vélez, la hija de Dalmacio Vélez Sarsfiled, autor del Código Civil. Aurelia fue la compañera de Sarmiento durante los últimos años de su vida. Murió el 11 de septiembre de ese año, en Paraguay, como su hijo Dominguito. Pocos años antes había dejado escrito una especie de testamento político: "Nacido en la pobreza, criado en la lucha por la existencia, más que mía de mi patria, endurecido a todas las fatigas, acometiendo todo lo que creí bueno, y coronada la perseverancia con el éxito, he recorrido todo lo que hay de civilizado en la tierra y toda la escala de los honores humanos, en la modesta proporción de mi país y de mi tiempo; he sido favorecido con la estimación de muchos de los grandes hombres de la Tierra; he escrito algo bueno entre mucho indiferente; y sin fortuna que nunca codicié, porque ere bagaje pesado para la incesante pugna, espero una buena muerte corporal, pues la que me vendrá en política es la que yo esperé y no deseé mejor que dejar por herencia millones en mejores condiciones intelectuales, tranquilizado nuestro país, aseguradas las instituciones y surcado de vías férreas el territorio, como cubierto de vapores los ríos, para que todos participen del festín de la vida, de que yo gocé sólo a hurtadillas".
envíado por ESTEBAN | 7 Noviembre 2005 | sin comentarios

Junto a Marx, Pareto y Durkheim, es uno de los fundadores de la sociología contemporánea.
Mientras Pareto y Durkheim siguieron las ideas de Comte, trabajando sobre las ideas del positivismo, Weber trabajó dentro del idealismo o la tradición hermenéutica. Clave para entender el proceso de análisis de la realidad social es el concepto que la sociología debe ser una comprensión interpretativa (o Verstehen) de la acción social.
Gran parte del trabajo de las organizaciones procede de su trabajo sobre la burocracia. Ella deriva de la acción racional es la acción social. Sus ideas sobre la relación del protestantismo y el desarrollo del capitalismo son extraordinariamente polémicas. Visto por muchos como una suerte de dialogo con Marx sobre el desarrollo de las sociedades.
Se opuso a la utilización del razonamiento abstracto puro, prefiriendo siempre una investigación empírica y a menudo histórica. Su metodología modela su investigación y la combinación de ambas fundamenta su orientación teórica.
Hermano de Alfred Weber, otro sociólogo destacado.
Max Weber fue quizás el teórico más importante de la sociología del siglo XX. Sin embargo, parece difícil circunscribir su obra al estricto ámbito de la sociología pues los escritos de Weber cubren un amplio territorio en el cual se incluyen la economía, el derecho la historia y el análisis político. Esta obra en su conjunto ha ejercido una influencia determinante en la sociología contemporánea, especialmente en el funcionalismo norteamericano, y hoy continúa en el centro del debate metodológico y epistemológico de las ciencias sociales. Max Weber nació en Erfurt, Alemania, el 21 de abril de 1864, en una familia perteneciente a la burguesía liberal. Parece imposible comprender la obra weberiana sin hacer referencia a los conflictos internos sufridos por Weber y la presión de un ambiente doméstico formado por un padre, destacado político y jurista, con una estricta autoridad y una madre calvinista y puritana con una fuerte vocación religiosa. Todo ello llevó a una actitud dual de Weber frente al tema de la autoridad política y una dualidad frente a la racionalidad y la responsabilidad. Al entrar en la universidad, Weber ya había demostrado una notable erudición en cultura clásica e historiografía. Luego de doctorarse a los 25 años, comenzó una brillante carrera académica. Enseñó Derecho en la Universidad de Berlín y Economía en Friburgo; y realizó una investigación empírica sobre el campesinado en Alemania. Entre 1898 y 1902, debió hacer un reposo obligado por el estado de duelo patológico producido tras la muerte de su padre, que le impidió escribir y dar clases. Luego de recuperarse de su depresión, fundó junto a E. Jaffé y W. Sombart, la revista Archiv fur sozialwissenchaft und sozialpolitik, en la cual publicará algunos de sus más importante trabajos. Allí aparecerá en 1904 la primera parte de La ética protestante y el espíritu del capitalismo, obra que culminaría al año siguiente. En 1910, Weber junto a Simmel y Tonnies fundó la Sociedad Alemana de Sociología y promovió su primer congreso. En 1911, inició un proyecto para escribir un libro de recopilación y ordenamiento de sus ideas. Estas páginas dieron lugar a su obra Economía y Sociedad, publicada póstumamente en 1921. En 1918, Weber fue invitado a dar clases en la universidad de Viena y Munich. Allí fue nombrado meses más tarde profesor de Economía. En la misma época, y poco antes de su fallecimiento en 1920, formó parte de la delegación alemana que negoció la paz en Versalles y también participó de la comisión redactora de la Constitución de Weimar. Entre su amplísima obra citaremos los trabajos traducidos al castellano, aparte de las ya nombrados (entre paréntesis se señala el año de edición en alemán): Historia agraria romana (1891); Historia económica general (1923); El político y el científico (1918); Ensayos de sociología contemporánea (1911-1918); Escritos Políticos (1906-1918); Sobre las teorías de las ciencias sociales (1904 y 1917); Sociología de la religión (1904-1918); Ensayos de metodología sociológica (1904 y 1917).
http://www.faculty.rsu.edu/~felwell/Theorists/Weber/Whome.htm
envíado por ESTEBAN | 7 Noviembre 2005 | sin comentarios

Adolfo Bioy Casares nace el 25 de septiembre de 1914 en Buenos Aires (Argentina).
Escritor precoz, a los once años ya había escrito su primera novela; "Iris y Margarita". Obra que era un plagio de "Petit Bob" de Gyp y que había creado en honor a una prima suya de la que estaba, según sus propias palabras, perdidamente enamorado.
A los catorce años escribe "Vanidad o Una Aventura terrorífica", cuento fantástico y policial en el que ya se adelanta el que en el futuro sería su estilo literario.
El año 1932 será de gran importancia para este autor; conocerá, en casa de Victoria Ocampo, a Jorge Luis Borges, quien se convertirá en su amigo inseparable y una influencia decisiva.
En 1934 le presentan a Silvina Ocampo, quien junto a Borges, le convencerá para que deje definitivamente sus estudios y se dedique exclusivamente a escribir. Con ella se casará en 1940, el mismo año en que publica "La invención de Morel", su obra más conocida y famosa y que se convertirá, con el tiempo, en un clásico de la literatura contemporánea.
Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges formarán durante años un original caso de simbiosis literaria. Juntos forman un dúo creativo que produce obras como "Un modelo para la muerte", "Libro del Cielo y del Infierno" o "Las Crónicas de Bustos Domeqc". La mayoría de estas colaboraciones serían firmadas bajo el seudónimo común de H. Bustos Domecq.
En 1954, año en el que publica "El sueño de los héroes" posiblemente su obra cumbre, nace su única hija Marta.
En 1969 aparece su obra "Diario de la guerra del cerdo", llevada al cine posteriormente por Leopoldo Torre Nilsson.
Entre otros premios y galardones, recibe en 1975 el Gran Premio de Honor de la SADE, en 1981 es nombrado Miembro de Legión de Honor de Francia y en 1986 Ciudadano Ilustre de Buenos Aires.
Finalmente recibe el Premio Cervantes el año 1990.

Considerado uno de los mayores escritores argentinos de ficción o lo que es lo mismo de la literatura universal, Adolfo Bioy Casares es el creador de una amplia obra donde la fantasía y la realidad se superponen con una armonía magistral. La impecable construcción de sus relatos es posiblemente la característica que con más frecuencia ha destacado la crítica respecto a su obra.
Fallece el 8 de marzo de 1999 en la ciudad de Buenos Aires.
envíado por ESTEBAN | 7 Noviembre 2005 | sin comentarios

La última actuación de Charlie Parker en público fue en el famoso club de jazz de Nueva York "Birdland", siete días antes de su inesperada muerte el 12 de marzo de 1955 en casa de su amiga la baronesa Paronnica de Koenigswarter.
El médico que lo examinó y confirmó su fallecimiento causado por un ataque cardíaco, escribió en el certificado de defunción que Parker tenía unos 55 años de edad. Nunca se imaginó que el músico era 21 años más joven.
Una intensa y atormentada vida artística, crisis existenciales provocadas en parte por el racismo, el abuso del alcohol y las drogas, así como un comportamiento errático en su vida personal y familiar, lo llevaron a un final prematuro.
Sin embargo, como ha sucedido con innumerables genios, el legado artístico que dejó Parker es inconmensurable.
Junto con el trompetista Dizzy Gillespie y otros músicos como Thelonious Monk, Bud Powell y Max Roach, fue el forjador de una revolución radical en el jazz (creó el llamado estilo "be-bop"), que echó las bases del jazz moderno.
Todavía hoy los jóvenes estudiantes de música transcriben sus solos, nota por nota, para desentrañar y asimilar a fondo ese espíritu creativo que ha influido a todos los saxofonistas posteriores a Parker.
Un virtuoso del saxo alto y un fértil compositor, Charlie Parker impresionó a músicos, público y críticos de su tiempo con su estilo profundo, tenso y complejo, que algunos han descrito como el barroco del jazz.
De allí en adelante, en gran medida, el jazz dejó de ser bailable para convertirse en música de concierto. Todo esto a mediados del siglo XX, cuando Parker ignoraba que iba a pasar a ser la figura más importante de una revolución musical que cambiaría el rostro del jazz hasta el día de hoy.
Cortázar, Kerouac y otros
Pero la influencia no sólo la tuvo sobre el mundo musical.
El escritor argentino Julio Cortázar, un gran amante del jazz, se inspiró en un momento de la vida de Charlie Parker para escribir su famoso cuento "El perseguidor".
En él, Cortázar describe un momento de crisis existencial en un pequeño cuarto de un hotel, en el que el personaje termina prendiéndole fuego a la habitación.
En un juego de palabras muy propio del escritor, Cortázar llama a su personaje Johnny Carter, que suena como Charlie Parker, pero que, también, es la mezcla de los nombres y apellidos de otros dos saxofonistas altos de la época: Johnny Hodges y Benny Carter.
Además de Cortázar, otros autores como Jack Kerouac y Leroi Jones también se han inspirado en la vida y obra de Charlie Parker.
Lo mismo sucede con el escritor catalán Miguel Mas Ferrà, cuya novela "El pájaro del paraíso" -que relata la historia de un saxofonista, Horaci Borges, un músico de jazz que se mueve entre Barcelona y Nueva York- tiene como inspiración la problemática existencial que agobió a Charlie Parker.
Mas Ferrà dice haber sido profundamente impresionado por la película "Round Midnight", que narra la historia del saxofonista Dexter Gordon, y, naturalmente, por "Bird", de la que hablaremos más abajo.
Sonidos aislados
El documentalista Gary Giddins recibió numerosos galardones por su película titulada "Celebrando a Bird: el triunfo de Charlie Parker", realizada en 1987, un documental substancial sobre la vida de Parker que, para los estudiosos, tendrá vigencia por muchos años.
Pero la cinta cinematográfica que más impacto ha tenido a nivel internacional fue aquella dirigida por otro fanático del jazz, Clint Eastwood, titulada simplemente "Bird", el apodo que daban los músicos a Charlie Parker, que en español significa "pájaro".
Esta película narra la fama alcanzada por Parker a poco de llegar a Nueva York en la década de los 40, así como su posterior deterioro producto del alcohol y las drogas. Forest Whitaker ganó el premio al mejor actor por su interpretación de Parker, en el festival de Cannes. Y la película recibió el Oscar por el mejor sonido, en 1988. Eastwood tuvo la suerte de contar con una nueva tecnología digital que permitió a los ingenieros de sonido aislar exclusivamente los solos del saxo alto de Parker de sus grabaciones originales. Ese sonido del saxo alto se usó en el filme, al que Eastwood agregó músicos de verdad que tocaron la música e hicieron el papel de los contemporáneos de Parker.
Leyenda
El hecho de que escritores y cineastas se hayan inspirado en la figura de Charlie Parker ilustra, en parte, la importancia de este saxofonista en la historia reciente del jazz.
Hay músicos jóvenes de jazz que dicen haber recibido la influencia de John Coltrane, otro genio del saxofón, posterior a Parker. Pero Coltrane, así como Cannonball Adderley, Phil Woods, y otros saxofonistas, no podrían haber desarrollado sus estilos sin las bases que Parker dejó sentadas.
A pesar de su corta y agobiada vida, este músico pudo "gozar" de la admiración, fama y reconocimiento antes de su muerte.

Durante sus giras por Europa, fue aclamado por público y críticos. En algunas capitales su recibimiento fue multitudinario. Los europeos lo recibieron con los brazos abiertos, cosa que no sucedía todo el tiempo en su propio país.
No obstante, hacia el final de su carrera, Parker ya se había transformado en una leyenda en vida a ambos lados del Atlántico.
Jazz latino
La discografía de Charlie Parker es vasta y gran parte de ella ha sido reeditada en discos compactos, permitiendo su continuo descubrimiento por parte de las nuevas generaciones de músicos, estudiosos y amantes del jazz.
A pesar de los altibajos de los últimos años de su vida, Parker tocó en los principales clubes de jazz y en las grandes salas de concierto, tanto en Europa como en su país, dejando una profunda huella en la historia de la producción artística de esa época.
Otro aspecto que interesa particularmente a los latinoamericanos, es que tanto Charlie Parker como Dizzy Gillespie fueron los pioneros de la fusión entre el jazz y la música afro-cubana, que hoy se conoce como "jazz latino".
Aunque no son muchas, las grabaciones de Parker con la orquesta de Machito son también legendarias. Y las colaboraciones con Chico O'Farrill, Mario Bauzá y Chano Pozo a fines de los años 40, también.
Después de haber sufrido muchas instancias de discriminación racial, desde pequeño hasta sus últimos días, Parker no alcanzó a ver el desarrollo del movimiento por los derechos civiles en su país, que comenzaría muchos años después.
El mismo año en que murió, recién la Corte Suprema de los Estados Unidos aprobaba, en medio de gran controversia, la integración racial en las escuelas, lo que marcaba un primer paso en la lucha contra la discriminación. Pero todavía quedaba mucho por hacer en ese campo.
No obstante, Charlie Parker se transformó en un ídolo que derribó fronteras de raza entre los músicos de su generación y entre quienes han hecho pasar al jazz en forma madura y robusta hacia el siglo XXI.
Ese médico que en 1955 pensó que a su muerte Parker tenía 21 años más, tampoco se imaginó que su música pasaría al siglo siguiente con una vitalidad insospechada.
envíado por ESTEBAN | 7 Noviembre 2005 | sin comentarios

Como las impresiones dactilares, no hay dos futbolistas iguales. Todos tienen algo diferente, distintivo, único. Aún partiendo de esa regla se puede decir con total naturalidad que Ricardo Enrique Bochini fue un jugador diferente. Distinto de todos. Por su concepción del juego, su
panorámica de la cancha, la geometría de sus pases, la extraña mansedumbre de su agresividad, su singular personalidad. Absolutamente único, magistralmente distinto. Se puede decir, también, que Bochini nació para jugar al fútbol. No sólo por sus extraordinarias cualidades naturales, sino por esa innata vocación para darle a la pelotita desde la mañana hasta la noche desde el momento mismo en que descubrió ese redondo, vivaz y maravilloso juguete. "Lo de este chico fue como una obsesión - contaba Luis Cirulli, su descubridor, quien lo llevó a jugar a la séptima de Belgrano, de Zárate, su ciudad natal -. Vivía jugando a la pelota de la mañana a la noche. Y si no quedaba ningún otro pibe seguía solo, dándole contra la pared de su casa, taca-taca...
El Richard no hablaba nunca. Jugaba en su división y mientras los demás se cambiaban y se iban, él se quedaba en un costadito del banco por si faltaba alguno del próximo partido. Si llegaba a ocurrir
eso, yo le preguntaba: querés entrar? y saltaba como un resorte. Había sábados que jugaba tres partidos". Don Antonio, su padre recientemente fallecido, lo confirmaba con otro recuerdo: "Yo era empleado
municipal y tenia nueve hijos, imagínese las necesidades, por eso mis pibes trabajaron todos de chiquitos. Al Richard también lo llevé conmigo, a una changa de albañil pero no engranaba. No es que fuera vago ni le faltara inteligencia para aprender el oficio, no, es que él siempre tenía la cabeza en otra cosa...".

Lo probaron diez minutos
La ruta que el destino había marcado la encontró en Independiente. "Lo querían varios clubes, pero como él era hincha de San Lorenzo (?), igual que yo y sus hermanos, nos dieron una recomendación y fuimos a la Avenida La Plata. El técnico era Diego García, pero ni siquiera lo probaron. Lo tuvieron dando vueltas de una puerta a la otra y al final nos pegamos la vuelta para casa. Después lo llevaron a Boca, Richard dice que jugó uno de los mejores partidos de su vida, pero Bernardo Gandulla le dijo que todavía le faltaba un poco. Hasta que apareció la chance de Independiente" - la evocación también es de Don Antonio. "Lo hice jugar diez minutos, pero me bastaron cinco para darme cuenta de que era un crack", sostiene Nito Veiga. Ataúlfo Sánchez, aquel arquero de Racing, se lo recomendó a Nito Veiga, a cargo de las inferiores rojas. Una prueba de diez minutos y a fichar. Alli nace la historia grande, la biografía de un genio del futbol, del ídolo más grande de Independiente en sus ochenta y seis años de vida. Idolo porque sí, sin proponérselo jamás.

La hinchada le inventó un cantito que durante diecinueve años fue un himno de guerra, un grito de orgullo que explota desde el corazón, y atropella la garganta: "Bo-Bo-chini, Bo-Bo-chini". Pero nunca dijo
que era hincha de Independiente. Jamás habló bien de un directivo porque no lo sintió. Siempre admiró - y lo dijo - a Menotti, el técnico que lo marginó de dos mundiales. Siempre combatió - y lo dijo - las ideas futbolísticas de Bilardo, el que lo llevó a la Copa del Mundo en México. Cada vez que le pusieron un micrófono o un grabador criticó a los técnicos que él consideró defensivos y alabó a aquellos equipos que intentaron jugar hacia adelante y con pelota al pie. Enarboló siempre la bandera de la antidemagogia. Como jugador propiamente dicho inventó un misterio. El misterio de tener un físico pobre, escasísima potencia de remate, nada de cabezazo y ser un fenómeno del fútbol.

Apareció como un gambeteador excepcional hasta que un día desistió del dribbling como recurso escencial. "Faltan espacios, te gambeteás a tres y el cuarto te la saca, aunque sea un tronco. No va. Hay que llegar tocando. El toque de primera y en velocidad sorprende y desequilibra", confesó un día. Y se convirtió en un estratega único, en un conductor notable. Fue en esa faceta donde el público de todas las hinchadas admiró su inteligencia fuera de serie para concebir la maniobra de ataque y el pase-gol. Nunca concibió una gambeta hacia el costado, el pase hacia atrás o la jugada que no tuviera como
destino el gol. Aún la más tonta de las maniobras para Bochini es el nacimiento de un gol. Llegó poco a la red, 97 veces en 637 partidos oficiales pero fabricó centenares de goles con sus célebres pases-gol, esos que pasan entre mil piernas para dejar al delantero a solas
con el arquero. Y cuando el gol lo tuvo como protagonista, pintó cuadros de goles, escribió poemas de red y grito, edificó monumentos al gol. Ya forman parte de la antología del fútbol algunas de sus conquistas
más célebres, como aquella apilada contra Peñarol, cuando gambeteó a siete en hilera con la velocidad de un rayo. O el gol frente a Juventus, en Roma, que definió la Copa Intercontinental, de sombrerito a Dino Zoff después de una doble y milimétrica pared con Bertoni. O el de Córdoba,
a Talleres, la noche que Independiente fue campeón con ocho hombres. Los suyos tuvieron el sello de lo inolvidable. Y de lo necesario. Decía un viejo hincha de River: "El cuarto gol de River contra Tigre en una goleada de seis a cero lo hacía Juan Pérez, pero para ganarle a Boca en la
Bombonera el gol lo tenía que hacer Labruna". Con el Bocha sucedió lo que con Angelito. Hizo pocos, pero claves, y en los partidos difíciles. Por eso son grandes. Para confirmar su estirpe ganadora, Bochini logró catorce títulos: 4 de primera división en la Argentina, 4 copas Libertadores, 3 Interamericanas, 2 Intercontinentales y una del Mundo,
en México '86. Además, la yapa de una Liguilla ganada a lo grande: 2- en la final contra Boca, en la Bombonera y con gol de Bochini faltando cinco minutos. El tiempo le fue volando las chapas a aclarando cada vez más las ideas. Hasta llegar a definir partidos con tres toques de primera. Entonces llego el calificativo mayor, el que lo define: "Maestro". Sus maniobras tuvieron siempre el sello de lo distintivo, el sentido de lo catedrático, la profundidad de lo filosófico. Eso fue lo que introdujo en el inventario selecto del fútbol argentino. Lo otro, lo de la idolatría, llegó por extensión. Y por ese indescifrable misterio de los que tienen carisma. Hizo todo al revés de lo que indica el Manual para ser Idolo: tomó distancia siempre del periodismo, se manejó sin representantes ni creadores de imagen, fue austero de costumbres y persistente de convicciones, deploró la demagogia. A pesar de ello, a pesar suyo, fue un ídolo de gigantescas dimensiones, el hijo dilecto de cada hincha de Independiente, para quienes "la vieja y el Bocha son intocables."

Como sostuvo siempre Hugo Gatti, el secreto está en ofrecer unproducto noble. Bochini puso en la vidriera del fútbol su juego limpio y ofensivo, carente de mezquindades y pleno de ambiciones. Asi entró en el gusto y en el corazón del hincha argentino.
Nota publicada en la edición especial de El Gráfico "Grandes del deporte argentino - Fascículo 2" en 1991