envíado por lamaga | 17 Agosto 2009 | 2 comentarios
los PICOS DE EUROPA, denominados así, por ser las primeras montañas que divisan los navegantes al contemplar las costas europeas, se extienden por las provincias de Cantabria, Asturias y León. La ruta más famosa entre los aficionados al senderismo es la del río Cares. La senda se excavó en la roca, entre los años 1916 y 1921 para canalizar parte del caudal del Cares y su aprovechamiento hidroeléctrico en la Central de Camarmeña. El sendero que existe hoy día, es el resultado de una sustancial mejora realizada entre 1942 y 1949.
Hace unos años, un grupo de amigos llegamos hasta Posada de Valdeón, población próxima a caín para realizar la ruta al día siguiente. El día amaneció lloviendo a cántaros por lo que tuvimos que abandonar nuestro propósito, un resbalón que provoque salir del metro y medio de anchura que tiene el camino puede ser mortal y el riesgo de desprendimientos de piedras con una meteorología adversa es mucho más probable.
Hace dos días se me presentó de nuevo la oportunidad de realizarla y por supuesto no la desaproveché. Si se va en un grupo y se dispone de varios vehículos, es habitual que unos salgan desde Poncebos (Asturias) y otros desde Caín (León) para realizar los 12 km que separan estas poblaciones y al intercambiarse los coches no necesiten hacer la caminata de vuelta. Pero los 87 km que las separan por carretera les pareció excesivo a los conductores por lo que prefirieron, en un alarde de atrevimiento, hacerla todos en los dos sentidos.
Los dos kilómetros del inicio desde Poncebos es la parte más dura, ya que se asciende 250 metros por un terreno escalonado, y que si además hay que realizarlos bajo un sol intentso, como fue el caso, castiga bastante, ello provocó que 6 de los 15 de la expedición renunciasen a seguir. Las pendientes que se encuentran después son más cómodas y gran parte de la ruta transcurre por un terreno llano.
Antes de comenzar la senda propiamente dicha, pudimos disfrutar de una cascada del Cares. El río ya no nos abandonaría, a veces desde una gran distancia, existe incluso un desnivel de unos 800 metros y otras desde muy cerca, su sonido nos acompañaría todo el tiempo. Aunque al parecer su caudal no es excesivo, los desniveles que tiene que salvar y el retumbar de sus aguas en las oquedades de las montañas que lo abrazan, en momentos recuerda el murmullo del mar y hace soñar al caminante con el frescor del agua que ansía.
Avanzamos con las montañas a nuestra derecha y el río abajo, a nuestra izquierda, viendo a lo lejos como se va encajonando el valle. Durante los primeros kilómetros no existe vegetación y el calor hace estragos. Como si de un tesoro se tratase alguien gritó ¡agua! Y la palabra milagro se fue extendiendo de unas personas a otras por el camino. No era ni mucha, ni potable, pero sí la suficiente para podernos mojar la cabeza y aliviar el calor.
El siguiente punto de interés que hizo congregarse a un buen número de excursionistas fue uno de los primeros túneles excavados en la montaña en el que había tres cabras tumbadas tranquilamente a la sombra. Las máquinas de fotos y de vídeo se pusieron en marcha, y no faltaron las hipótesis que explicasen que hacían aquellos animales allí dejándose tocar y molestar por intrusos. Una de las cabras estaba preñada, pero es probable que estuviesen tan acostumbradas a ver seres humanos que nuestra presencia apenas les importunase.
La ruta se hace cigzagueante cuando llegamos al límite con león, los túneles aumentan y la vegetación es más rica: fresnos, encinas, madroños, higueras, etc. Atravesaremos dos veces el río una por el puente de bolin y otra por el de los Rebecos. Las montañas de los dos lados se acercan tanto, que en momentos da la sensación de caminar por el interior de una gruta.
La llegada a Caín ya se intuye y después de pasar la presa y otros dos puentes, se abre el valle y llegamos a nuestro objetivo, a los naturales del lugar se les llama casines o cainejos y tienen fama por su facilidad para trepar por las rocas), típico pueblo de pastores leoneses.
Todo un gusto dejarse caer en la hierba, quitarse las botas y poder entrar por fin en las frescas aguas del Cares.
Repusimos fuerzas, bebimos toda el agua que quisimos, ya que se nos había quedado un poco escasa, y nos hicimos con unos palos para el viaje de vuelta, que vinieron muy bien sobre todo en la bajada final. Unos truenos nos hicieron temer la lluvia y nos recordaron que era necesario emprender el viaje si no queríamos que la noche nos ganase. El aire fresco se agradecía y también las primeras gotas que cayeron. Ya en camino los truenos aumentaron y retumbaron entre las montañas, pero aunque la lluvia se hizo más persistente, en algunos momentos, no nos llegó a molestar.
La vuelta tenía la amenidad de encontrar las referencias que conocíamos, una mejor temperatura y la ilusión por haber cumplido el objetivo, que contrarrestaban el cansancio de los kilómetros andados. La montaña hace buenos compañeros a los que la visitan y no era raro encontrar y charlar con personas que habíamos encontrado en otros puntos del camino.
En resumen, una ruta muy recomendable, amena y sorprendente. Por supuesto no es un paseo, pero con algo de prudencia, no salirse del camino, buen calzado y agua suficiente, es factible realizarla. Hacer los 12 o los 24 kilómetros ya depende de las posibilidades y la facilidad para andar que tenga cada cual. Incluso aunque simplemente sea para conocerla es interesante hacer unos kilómetros, aunque en este caso es mejor partir desde caín por ser la parte más bonita y más fácil.
envíado por lamaga | 9 Marzo 2009 | 3 comentarios
Los sentidos son esos hermosos y fuertes hilos que nos unen con el mundo que nos rodea y, cual cordón umbilical, nutren nuestro pensamiento y espacio interior, dándole a nuestra vida sentido y riqueza. Por ello, cada uno de nosotros es responsable de la forma, la profundidad y la calidad con que los utilice.
Como seres humanos lo más importante que tenemos es nuestra existencia individual, y la experiencia como fuente para hacerla cada día más rica y variada. A veces, de esa experiencia surgen conocimientos que justifican las frustraciones, son aquellos que pretenden dictaminar lo que las personas, nosotros mismos u otros, no pueden hacer, pero los hay, que se centran en las capacidades y las potencialidades, y sirven para ofrecer posibilidades y abrir caminos.
De este segundo tipo son los conocimientos que se pueden encontrar en el blog que hoy os quiero presentar:
http://ciegoaventura.blogspot.com
El propósito de CIEGO AVENTURA, bastante bien conseguido hasta el momento, pasa por el intento de acercar el medio rural, tan aparentemente hostil e inaccesible, a los sentidos, incluso, y sobre todo, cuando falta la visión. Dotando al alma y la mente, de herramientas tangibles o, perceptibles. Logran trabajar, a través de este blog, para facilitar la información necesaria para que toda discapacidad, y muy particularmente, la de la ceguera, sean relativizadas, dejando al sentido común del excursionista, limitaciones e inconvenientes.
Las personas, y el perro guía, artífices de esta propuesta ofrecen información práctica y útil sobre una zona geográfica concreta, a través de las rutas descritas, así como los principios y los consejos para practicar el senderismo, incluso cuando falta la visión. Se percibe un buen trabajo, pues el material está bien estructurado y elaborado, una rica y amplia experiencia personal de alguien que ha recorrido muchas veces esos caminos solo, acompañado por su perro guía y ayudándose del bastón de movilidad y otros innumerables recursos, materiales, pero sobre todo utilizando al máximo habilidades personales.
Muchas gracias por compartir esa experiencia, por trasmitir tanto entusiasmo en el proyecto, respeto por la naturaleza y el entorno en toda su amplitud, el terreno, la vegetación, los animales, los hombres y las mujeres que habitan esos lugares, sus costumbres, sus logros y sus quehaceres.
Y de forma muy personal, gracias por acercarme tanta información sobre unas tierras cercanas al lugar donde nací. Me encantaría poder transitar algún día, acompañada por vosotros, por esos caminos que tanto amáis y respetáis.
envíado por lamaga | 16 Septiembre 2008 | sin comentarios
Santillana del Mar, villa perteneciente a la Comunidad Autónoma de Cantabria, como bien dice la Wikipedia, "es uno de los más importantes atractivos turísticos de toda la región, ya que alberga la Cueva de Altamira, considerada como la "Capilla Sixtina" del
arte rupestre, y la Colegiata, que data del siglo XII".
Cuando uno recibe visitas, procura enseñar aquello que considera de mayor valor, sobre todo si los recién llegados no lo conocen. Es por ello que el sábado pasado, y una vez en Santillana acercarse a contemplar la Colegiata, importante exponente del arte románico, era casi imprescindible. Pero cual no fue nuestra sorpresa, cuando encontramos la plaza de acceso a la basílica repleta de personas que lucían las galas adquiridas al efecto, vestidos de todas las formas y colores, mantillas y fulares, lazos y todo tipo de perifollos, camisas que conjuntaban con mayor o menor gusto con corbatas, pero todo exhibido con gran intusiasmo por sus portadores, no en vano se debieron de haber dejado, algunos de ellos, una importante cantidad de sus ahorros en aquellos atuendos. y zapatos, muchos zapatos de aguja, que ya hay que tener ganas de jugarse los tobillos o los tacones, para usarlos por el pavimento empedrado y por supuesto tremendamente irregular de este pueblo.
Los turistas que nos vimos metidos en aquel aprieto, pacientemente esperamos a que saliesen los novios, que los invitados los agasajasen con aplausos, vivas y puñados de arroz, alguien vio a la novia como se miraba dentro del escote y con un gesto de "ya lo resolveré después" continuaba con el guión establecido, y es que claro, ¡hay sitios y sitios!... ¡de diferente sensibilidad!... Pero la tarde no había acabado y antes de que toda la comitiva desapareciese, otros novios emergieron por otra calle con similares pretensiones.
Cuando por fin consideramos que era nuestro turno y nos podíamos acercar a lo que yo hasta entonces creía la casa de Dios, dos trabajadores del gremio de la seguridad, que eran los que custodiaban la puerta, los ángeles debían estar de huelga o dándose un paseo por el cielo, nos hicieron retroceder uno a uno, a todos los turistas emplazándonos al día siguiente si es que queríamos contemplar aquella obra de arte que con tanto esfuerzo hicieron nuestros antepasados. A ninguno de nosotros se nos ocurrió rebatir la orden, seguramente porque no nos sentíamos capaces, con nuestros atuendos, de afirmar que formábamos parte de aquel grupo tan bien vestido.
Y yo me pregunto, ¿estará la iglesia en crisis? ¿cuánto costará casarse en la Colegiata de Santillana? ¿será la culpa de Zapatero? ¿si andamos así que ocurrirá cuando la asignatura de Educación para la Ciudadanía tenga diez años de antigüedad o el número de matrimonios entre personas del mismo sexo aumenten alarmantemente y la iglesia pierda todavía más clientela?
Pero nuestras desgracias no acabaron aquí. Cuando íbamos hacia el coche para volver a casa, nuestro estómago fue tentado por unos panes redondos y orondos que se mostraban a la puerta de una tienda, entramos dispuestos adquirir alguno de ellos para la cena, pero la respuesta de la dependienta nos dejó tan aturdidos que bloqueó nuestra capacidad de reacción: no, -nos dijo con insólita normalidad-, esos panes son de adorno. Llevados por la inercia de la situación compramos dos vulgares barras de pan, de una calidad increíblemente deficiente.
Y es que está claro... Cuando uno se pone el traje de turista, ya sabe que va a hacer el gilipollas vaya donde vaya.
envíado por lamaga | 28 Julio 2008 | sin comentarios
Mañana volverá la cotidianeidad en todo su esplendor: el despertador, el autobús hacia el trabajo, las tareas con fecha de caducidad, las llamadas telefónicas que atender... La etapa final del máster...
olvidados ya los días en que sólo había que pensar en el baño en la playa o el paseo al atardecer. Las sobremesas en las que se transita por la suave frontera entre la lectura y un sueño hecho de templada calma y brisa marina.
Alcocéber, Alcossebre en valenciano, es uno de los pueblecitos situados al norte de Castellón, en la costa del Azahar. La temperatura típicamente mediterránea se suaviza la mayoría de las veces por una brisa procedente del mar, o quizá del ambiente de vacaciones que se encuentra por sus calles y playas.
Sus mañanas están hechas de gritos de niños, de chapoteos, de los aromas dulces de las cremas para protegerse del sol. Sus tardes, al pasar por las casas que bordean la carretera camino al pueblo, huelen a jazmín y romero. El parque, el paseo junto al mar, las terrazas a estas horas, se inundan de los veraneantes que después de la ducha y la siesta buscan algo que ver, o simplemente pasear. Después vendrán los olores a barbacoa o sardinas asadas, las parejas o familias que buscan un bar donde poder cenar.
En la noche, en el centro del pueblo, se puede escuchar el sonido del cine de verano. Los hay que prefieren dirigirse a cualquier punto de la costa para probar suerte con la pesca. Otros que caminan hacia el puerto en busca de una copa o un poco de ambiente, o continuar hacia la playa de las fuentes, donde el agua dulce que viene de las cercanas montañas se une con la sal, tan presente.
Los días son largos y se despiden entre juegos de niños, risas de adolescentes, charlas intrascendentes, helado de chocolate y leche merengada.
envíado por lamaga | 24 Julio 2008 | 2 comentarios
Que bien sientan las vacaciones, son terapéuticas en sí mismas, e independientemente de lo que haga, simplemente el desconectar de lo cotidiano ya me resulta suficiente. Es como mover el dial, uno cambia de emisora por un tiempo, y aunque vuelva a la misma, ya suena diferente, además del placer del descanso y el cambio de escenario.
Después de pasar un estupendo fin de semana en Madrid, donde siempre encuentro cosas interesantes que hacer y amigos con los que compartir, volví a Santander, aunque tan sólo por un día para deshacer y volver a hacer el equipaje de viaje. Aproveché para ir a la playa, lo que no había hecho nunca con tessa, no al menos en tiempo de baño, porque sí en otros periodos del año, donde las playas son lugares ideales para que los perros puedan correr y expansionarse.
Santander está en fiestas esta semana, las de Santiago, y cuentan con una novedad que tiene entusiasmados a la mayoría de los habitantes de esta ciudad. Los hosteleros, preocupados posiblemente por la crisis que al parecer nos atenaza a todos, yo la verdad es que no me he dado mucha cuenta, pero debe ser porque no le presto atención, han decidido salir de sus establecimientos y lanzarse a la calle en busca de los clientes. Así que en diferentes lugares, la Alameda, la Plaza del Rey, la del Ayuntamiento o Pombo, correos, Puerto Chico y el Sardinero, se pueden encontrar casetas de madera de distintos bares o restaurantes, donde por 2 euros y medio, compras un pincho y una bebida. Así los santanderinos y visitantes pueden conversar y degustar estos productos en la calle, que ha tomado así mayor ambiente de fiesta, el Ayuntamiento debe de estar obteniendo unos interesantes ingresos por los impuestos que cobra y los hosteleros se supone que obtendrán beneficios después de pasar por caja, y todo el mundo contento.
Después de comer el pincho de la feria en el chiringuito del Chiqui, seguimos bordeando la bahía para dirigirnos a la playa de los peligros. Afortunadamente el nordeste ayudaba a disminuir el calor de un sol poco habitual en Cantabria. Tessa se paró en varias ocasiones para contemplar el mar y los barcos que por allí se avistaban, seguramente recordaba uno que tomamos hace unas semanas. Paseamos toda la playa de los Peligros para llegar a la Magdalena, mucho más protegida del viento que podía llegar a molestar.
Cuando me dispongo a extender la toalla, y antes de conseguirlo totalmente, Tessa entendió que semejante detalle estaba dedicado a ella, así que se precipitó a tumbarse en medio sin dejarme mucho hueco a mí. Por supuesto la aparté parahcerme sitio yo, y entonces consideró que lo mejor era echarse encima de mí, así que me encontré con la perra en brazos como si de un niño se tratase, no sé si su objetivo era jugar o simplemente demandar mi cariño. Ya sé, ya sé lo que pensaréis algunas, que de nada puedo quejarme, pues dueña y perra alimentamos parecidas y recíprocas demostraciones de afecto.
Cuando quise entrar para bañarme, le pedí a mi amiga que la sujetase de la correa, pero Tessa pegó uno de esos tirones habituales en ella y pronto estuvo a mi lado, así que aprovechando que no había nadie a mi alrededor y el mar estaba bastante movido, la liberé de sus ataduras y estuvo nadando libremente.
Por supuesto tuvimos que pasar por la ducha para quitarle el salitre y la arena, y el frío del agua no le gustó mucho. Afortunadamente el paseo de vuelta sirvió para que se secase, pues parecía algo raro con sus melenas mojadas.
A media tarde, cuando el horriplilante ambiente que anuncia la terrible fiesta taurina, empezó a teñir la ciudad, huímos hacia casa.
envíado por lamaga | 2 Mayo 2008 | 1 comentario
Como hace mucho que no os hablo de Tessa, os cuento una en la que me vi involucrada el otro día, y aunque no puedo decir que ella fuese la responsable, sí jugó un papel importante en el desencadenante del incidente.
Como seguro muchos sabéis, las estaciones son lugares por los que suelen transitar personajes poco convencionales, o al menos de ésos que tienen comportamientos extraños o poco esperables. Si como es el caso de Santander, existe una plaza llamada de las estaciones porque convergen en ella la de los trenes de vía estrecha, la de RENFE y la de autobuses, la probabilidad de encontrar tipos originales, en este lugar, es bastante alta.
El otro día iba yo a coger el autobús para ir a mi casa, y como me di cuenta que faltaban 15 o 20 minutos para su salida, y podía aprovechar para responder una llamada perdida que había visto en el móvil, le dije a Tessa: faind the chair. Noté yo que la perra vacilaba un poco, por lo que deduje que no había muchos asientos libres, y cuando se paró prudentemente confirmé que lo que había delante de mí era el borde de una silla. Confiada me senté, y al momento me di cuenta que algo quedaba por detrás de mí, algo que me impedía apoyar la espalda en el lugar habitual. Pensando yo que quizá sería un bolso, una mochila o algo que se podía apartar, cuando estaba a punto de echar la mano, oí que un individuo a ras del asiento de mi derecha, iniciaba una conversación con Tessa. Afortunadamente esto me frenó, pues siendo la parte central del cuerpo del individuo lo que reposaba en mi silla, mi mano podía haber caído en cualquier lugar.
Azorada y pensando que no estaba en la obligación de disculparme por haberme entrometido en el descanso de un ser humano, me alejé esperando que volviese a conciliar el sueño y riéndome por lo ridículo de la situación.
Una vez más, la sociabilidad de mi perra me libró de una situación más comprometida. En el mismo lugar, hace ya unas semanas, el que estaba sentado a mi lado se sorprendía de que Tessa le lamiese la mano, cuando resultaba que llevaba un día sin comer, que no sin beber, esto lo pensé yo pero no lo dije, y ya le aclaré que ella no era nada interesada, simplemente buscaba cariño.
envíado por lamaga | 10 Abril 2008 | sin comentarios
"Debido al fuerte viento, los remontes permanecerán parados. Disculpen las molestias".
Sí, por tercer día consecutivo, éste es el mensaje que se puede escuchar por la megafonía de Sierra Nevada. En ocho años que llevan organizando cursos de esquí la Fundación Deporte y Desafío, ésta ha sido la primera vez que no se ha podido esquiar tres días, ¡todo un privilegio de récord para nuestro grupo! No dejamos de preguntarnos que habremos hecho para merecer esto... De nuevo pensar alternativas, proponer actividades, elegir las que más nos apetecen y organizarnos... Un gran esfuerzo el que hacemos todos para olvidar la frustración que produce el pensar lo que hemos hecho para venir a esquiar, y no poder hacerlo.
Esta mañana hasta pensé irme para Madrid, incluso preguntamos los horarios de trenes, ¿pero y si se esquía mañana? También decidí no unirme a las actividades y quedarme trabajando en el hotel, pues tengo algunas cosas urgentes que realizar, pero al final pensé que eran asuntos que podían esperar y que hoy estaba aquí y había que aprovecharlo.
Volvimos a bajar para Granada para comer algo, acompañados por la lluvia todo el tiempo, ¡pero como puede llover tanto en Andalucía! Después viajamos hasta Piñar, un pueblo que cuenta con varias cuevas prehistóricas. Un trenecito nos llevó hasta la cueva de las ventanas, después de atravesar varios campos de olivares. Tessa estuvo muy nerviosa en la cueva, andaba loca oliéndolo todo y como dispuesta a salir lo antes posible.
Habíamos reservado para ir a ver una actuación en un tablao flamenco. Por el mismo precio, al parecer, nos recogían con un autobús, en un determinado punto de la ciudad, para llevarnos al Sacromonte. Dicen ellos, supongo que para que cojas el servicio completo, que es un barrio muy peligroso y mejor este medio de transporte. Después resultó que el autobús no era en absoluto accesible y hubo que hacer filigranas para que todos los del grupo pudiesen subir, mientras los municipales, por supuesto funcionaban también y contaban con pisos mucho más bajos, ¡sin comentarios!... ¡Qué triste la vida de turista!
No entiendo mucho de flamenco, y aunque supongo que el que nos ofrecieron en los Tarantos no sería excesivamente bueno, alucinante el sentido del ritmo de aquellos gitanos, e increible lo rápido que pueden llegar a mover los pies.
En aquella sala habría un 60 o 70% de los espectadores que eran japoneses, nuestro grupo y algún que otro despistado, como por ejemplo un chico que estaba de visita en Granada y buscando un lugar para beber una cerveza, entró allí donde veía entrar gente y allí que se metió, no quiero ni pensar al precio que pagó la cerveza...
Nuestros comentarios posteriores giraron entorno no sólo hacia los cantaores y bailaores del tablao, si no sobre los japoneses, gente extraña, o al menos diferente a nosotros. Un compañero contó hasta cinco japoneses dormidos, ¿cómo se puede dormir con aquella algarabía de taconazos, palmas, cánticos y rasgaos de guitarra? La explicación: estos pobres visitaron ayer Barcelona, hoy Granada y mañana irán a Toledo, ¿alguien da más en menos tiempo? Nos produjo también sorpresa el ver que varios de ellos llevaban puestas una especie de mascarillas, que no se quitaron ni siquiera para beber, no sabemos si será una barrera contra la contaminación o cualquier otra explicación similar.
Tessa se asustó con los primeros cantos de aquellos gitanos, pero al final recibió los honores hechos caricias de todas las japonesas que abandonaron la sala al final del espectáculo y pasaban por su lado.
Después nos acompañaron a un punto cercano desde donde se podía ver la Alhambra iluminada. Había dejado de llover, la noche en el Sacromonte era tranquila y serena, se escuchaban los grillos y algunas aves nocturnas.
Pero en este momento, 2 o 3 horas después, sigue lloviendo, sigue el viento en Sierra Nevada.
envíado por lamaga | 8 Abril 2008 | 2 comentarios
Granada es como una rosa
más bonita que ninguna
que se duerme con el sol
y florece con la luna.
Enamorada del agua flor de la brisa
que vive sola por culpa de las espinas.
Rosa de melancolía los ruiseñores le cantan
y ella como es flor de olvido con el silencio les paga.
Granada vive en si misma tan prisionera
que solo tiene salida por las estrellas.
Así cantaba Carlos Cano a esta ciudad que tanto amaba, y que hemos podido visitar hoy. Sí, las predicciones se cumplieron, y a las 9.15 cuando bajamos al hall del hotel todos arregladitos con nuestros trajes de esquí, nos dijeron que el viento volaba a 120 KM por hora, y que a partir de 60 KM la estación se suele cerrar. Íbamos a esperar al próximo parte que darían a las 11 de la mañana, pero con pocas esperanzas de que la cosa cambiase. Parece que para mañana el viento no nos habrá abandonado, y la lluvia lo acompañará.
Así que a las 12, y con una dosis de decepción importante, empezamos a organizarnos para bajar a Granada, pues si la nieve no nos quería recibir iríamos a la búsqueda de la ciudad que tanto nos podía mostrar. Allí estaba Granada, con sus parques primaverales, sus árboles en flor, las macetas en las casas que recordaban su antepasado árabe.... Un día variable, con retazos de sol, mucho de nublado y alguna suave lluvia que se volvió insistente cuando llegamos a la zona alta del Albaizín.
Lo cierto es que todos hacíamos lo posible por animarnos y encontrar algo positivo a la contrariedad. Carmen y Carolina de la Fundación Deporte y desafío, así como Pilar de la Fundación Vodafone han intentado todo el día que la jornada fuese lo más agradable y provechosa posible. Nos ha servido para conocernos algo más entre la mayoría de las personas del grupo, pues hemos bajado unos 17 o 18 que hemos estado casi siempre juntos.
Al principio paseamos por la zona más céntrica, con bastante bullicio a esas horas. Pero al mediodía la frecuencia de viandantes disminuyó y tan sólo nos cruzábamos con turistas que frecuentaban las calles próximas a la catedral. Comimos unas estupendas tapas en la Anticuaya, tuvimos que esquivar alguna que otra calle con escaleras no superables para sillas de ruedas, visitamos el museo del carbón y muchos del grupo acabaron entrando en el Medievo, una tienda que exhalaba todo tipo de aromas a tés, jabones y hierbas con olores variados, y donde no faltaba el chocolate y los licores.
Fuimos hacia la plaza Nueva para coger el Paseo de los Tristes, con el río a la derecha y casas encantadoras hacia la izquierda, empezamos a subir camino al Albaizín. Pronto a la derecha, y a la otra parte del río, apareció la inconfundible imagen de la Alhambra. Tomamos un autobús para subir al mirador de San Nicolás, y lo de tomar es la palabra más ajustada porque el autobús acabó siendo como nuestro, no sólo por el elevado número de personas del grupo, sino por la algarabía que conseguíamos armar. Al bajar nos vimos sorprendidos por un intenso aroma a jazmín y una vista imponente de la Alhambra. La lluvia nos obligó a buscar refugio en un bar llamado el Huerto de Juan Ranas, que resultó estar totalmente desierto, pero no de clientela, si no también de camarero o persona que lo atendiese.
De nuevo en la parte baja de la ciudad, buscamos una calle que albergaba varias teterías y acabamos en una de ellas, de decoración muy apropiada, donde nos prepararon unas mesas en un espacio muy acogedor. Sueños de la Alhambra, suspiro del moro o las Mil y una Noches, eran algunos de los tés que se podían elegir, con combinados de té verde, té negro, hierba buena, flores y otros muchos ingredientes que no recuerdo.
ASí que cansados, a las 9 de la noche, y sin esquiar, llegábamos al hotel.
Mañana será otro día.
envíado por lamaga | 25 Marzo 2008 | sin comentarios
Campana de mi lugar
tú me quieres bien de veras
cantaste cuando nací
llorarás cuando me muera.
Éste fue uno de los poemillas que nos recitó Aurora, la guía de la colección de campanas perteneciente a la Fundación Joaquín Díaz que se puede visitar en Urueña (Valladolid), para ejemplificar el importante papel que cumplió la campana.
Cierto es que todos estamos familiarizados con los toques de las campanas, sobre todo con los que anuncian los actos religiosos, pero nos sorprenderemos si recabamos información sobre el importante uso y detalle que cumplió este sistema de comunicación en la vida cotidiana de los pueblos, sobre todo en otros tiempos.
Las campanas se bautizaban y se les adjudicaba un nombre. El campanero era el encargado de recibir las noticias de cada acontecimiento y traducirlas al lenguaje de las campanas. cada uno de los mensajes se realizaba de forma diferente, interviniendo una o más campanas, bien con sonidos alternativos o a la vez, con una composición sonora distinta, marcada por la velocidad, la frecuencia o la longitud de los toques.
Cumplían la función de marcar el tiempo, cual si de un excelente reloj comunitario se tratase, con diferencias incluso de una estación a otra, sirviendo así de referencia para los trabajos agrícolas y de otro tipo, o para que los niños volviesen a casa. Anunciaban bautizos y bodas, fiestas y funerales. En los nacimientos, según el aviso se podía conocer la marcha y el resultado del parto, el viático anunciaba que una persona estaba a punto de morir y los diferentes toques indicaba el sexo y la procedencia social del fallecido o incluso si había sido un niño.
A veces se intenta pasar a palabras la música producida por un toque concreto, por ejemplo el del TENTENUBLAO, que avisaba la llegada de una tormenta, y que parece decir: "Detentenublao que vienes cargao, de rayos y truenos,...").
En fin, anunciaban fiestas y siniestros, los actos religiosos, acontecimientos extraordinarios y de la vida cotidiana, facilitando así las tareas tanto individuales como colectivas de la comunidad.
Pero la fundación Joaquín Díaz cuenta además con una colección de instrumentos musicales, la más amplia y completa de los que han sido utilizados tradicionalmente en Castilla y León, formada por mil piezas cedidas o donadas por diferentes coleccionistas, además de un centro documental que se pone a disposición de los estudiosos e investigadores de la música tradicional.
Si no fuese suficiente pretexto para visitar Urueña, también podemos encontrar en esta población el Museo Luis Delgado sobre instrumentos del mundo y unas cuantas librerías especializadas.
Pero sobre todo, encontramos en una colina, el encanto de un pequeño pueblo, 200 habitantes, rodeado de una bien conservada muralla que podremos recorrer, y desde la que nos dijo un lugareño, se podía ver hasta la cordillera cantábrica. Descubriremos el entramado de unas calles estrechas, enrañables, por las que pasear sin toparnos con coche alguno.
Y mientras tanto, os recomiendo visitar la excelente página de la Fundación joaquín díaz:
http://www.funjdiaz.net/index.cfm
envíado por lamaga | 12 Marzo 2008 | 3 comentarios
Nunca he sentido apego por un pueblo o una provincia, ni siquiera por aquélla en la que nací, seguramente porque he vivido en muchas, y todavía me gustaría conocer más. Pero cierto es que cuando vuelvo a una tierra determinada, hay tantos detalles, tantas sensaciones conretas, que me llevan a rememorar situaciones y momentos, que me resulta inevitable retrotraerme en el tiempo, y dejar que experiencias pasadas, inunden mi conciencia presente.
Esto fue lo que me ocurrió hace diez días, cuando Pasé un fin de semana con unos amigos en Fuentelespino de Haro, provincia de Cuenca, y a unos 40 KM del pueblo en que yo nací. El sol que va contrarrestando el fresco de la mañana, la sombra que después aliviará el calor, la calma de una brisa apenas inperceptible, el silencio del campo castellano, el olor a tomillo, romero y espliego, la noche sonora, eran los mismos de los veranos de mi infancia, de otros paseos por otros campos casi olvidados, que la memoria de los sentidos me hacía revivir.
Salimos un grupo desde Madrid. La primera parada la hicimos en Tarancón para tomar un café, y poco después hicimos otra en Saelices, donde habíamos quedado con el resto del grupo, para visitar Segóbriga. Segóbriga es una de las ciudades romanas mejor conservadas, siendo el conjunto arqueológico más importante de la Meseta. Se sitúa en un cerro de 857 metros de altura, a orillas del río Cigüela, afluente del Guadiana.
El Ayuntamiento de Fuentelespino construyó un pequeño complejo de turismo rural compuesto por 7 casas para 4 u ocho personas, un edificio donde se sitúa el restaurante y un par de habitaciones destinadas a albergue, y otro donde existen locales para talleres de artesanía, conocimiento de la naturaleza y ordenadores con conexión a internet. Estas edificaciones se completan con una piscina y pistas de deporte, sin olvidar el bosque que rodea a todo ello.
Desde hace unos meses Jose y Chus se dedican a gestionar los servicios de estas instalaciones, ayudados, sobre todo los fines de semana, por algunos amigos. Según mi experiencia, lo mejor de los alojamientos rurales, es que las personas que se hacen cargo de ellos, les gusta lo que hacen y lo que tienen, y además disfrutan enseñándolo y compartiéndolo con los visitantes.
La atención que recibimos fue tan esmerada, que realmente nos sentimos como en casa, con la ventaja de estar con un número de amigos que no habríamos cabido en ninguna de las nuestras, comiendo cosas ricas, algunas típicas de la zona y disfrutando de una sobremesa después de la cena, en la que cantamos como hacía años que no cantábamos, y escuchamos una cantidad de chistes, sobre todo de Rocío y de Chiqui, que a mí me parece increíble que alguien se pueda acordar de tantos.
Joaquín y Uge, amigos de los anfitriones, compartieron con nosotros sus aficiones y su tiempo. Joaquín es profesor de música en un colegio, y en sus ratos libres se ha dedicado a coleccionar y construir instrumentos musicales. Nos dijo que tenía más de mil en su casa, y nos estuvo enseñando los que él fabrica, son instrumentos tradicionales de los que he olvidado muchos nombres, pero había panderos, carracas, zambombas, tablillas de San Lázaro (que deben su nombre a que eran utilizadas por los leprosos del hospital de San Lázaro para ser reconocidos por las personas sanas a distancia), etc. Uge es bióloga, y se encargó de enseñarnos los talleres, los alrededores del pueblo, acompañarnos como guía en una ruta que hicimos el domingo por la mañana y a los que quisieron plantar unas encinas. A Uge le gusta mucho la ornitología, por eso alternava las explicaciones del entorno con datos sobre el carbonero, el herrerillo o el pinzón, aunque no era fácil distinguir sus cantos, pues como andaban de cortejo se esmeraban en las florituras de los trinos que producían para buscar pareja.
También Tessa tuvo compañeras con las que jugar y divertirse, sobre todo con Onda que era de su tamaño, porque Lola y Corchea, al ser más pequeñas, las miraban con recelo. Pero el exceso de confianza me jugó una mala pasada, y en un descuido Tessa se metió en la cocina y engulló un litro aproximadamente de aceite en el que habían frito chorizos, y que tenían preparado para deshacerse de él, así que debía estar bastante saturado. Pero el vomitarlo y el ayuno al que la sometí, sirvió para que en la caminata del domingo por la mañana corriera y saltase como si nada hubiese ocurrrido. Hasta se permitió encontrar y exhibir a modo de trofeo, el esqueleto de un animal, posiblemente una oveja, que llevó felizmente entre los dientes hasta que Javier se lo quitó y lo colgó en un árbol.
En fin, que todo un placer descubrir y recordar las tierras de Castilla, saturarme del olor de un campo de almendros cargados de flores, o simplemente deleitarme al sentir bajo mis pies la esponjosa superficie de un sembrado.
Si queréis ver algo más sobre el pueblo, podéis visitar:
http://www.pueblos-espana.org/castilla+la+mancha/cuenca/fuentelespino+de+haro/
Pondré alguna foto de Tessa en el fotolog.