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DIARIO DE UNA BUENA VECINA

envíado por lamaga | 20 Enero 2008 | sin comentarios

Podría deciros que este libro es la amistad entre dos mujeres, una de ellas madura, guapa, libre, inteligente y con un buen trabajo. Y otra vieja, pobre, enferma y que parece que lo único que puede esperar de la vida es la muerte. También os podría decir Que Doris Lessing, a través de los personajes del libro, la sobrina de Janna, su amiga, su hermana y las dos protagonistas, nos muestra distintas fases de la vida de la mujer, y todo ello sería bastante cierto, pero preferiría poderos contar mucho más.

La claridad, valentía y crudeza que la escritora despliega en este libro es de tal magnitud, que me resulta imposible imaginar a un lector, que no sienta removerse en su interior más íntimo, emociones profundas con su lectura. La obra nos pone de bruces con nuestra realidad como seres vivos, con la conciencia que nos da nuestra esencia más humana, y a la vez, la desnaturalización que produce los prejucios sociales y los temores personales.

Doris Lessing, recibió el premio Nobel en el 2007. Es la escritora de más edad en recibirlo, 88 años. Se le dio este galardón, por su visión de lo que dieron en llamar la “épica femenina” y por su retrato de la civilización contemporánea. Sin duda, de todo esto hay muestra en esta obra.

Janna no se entiende, como tampoco La entienden los demás, dejó morir a su marido, a su madre, prácticamente sin prestarles atención, y ahora se siente impelida a cuidar e incluso a sentir cariño por una mujer que no conoce de nada. Una mujer hosca, terca, que con frecuencia le muestra su desconfianza. La acompañamos en su transformación, al principio la extrañeza ante sus sentimientos, después el intento de resistencia, de comprensión, pero según va profundizando en su amistad con Maudie, descubre y asume que toda persona tiene su dignidad, ni las circunstancias ni la necesidad de ayuda hace que un ser humano la pierda. Maudie es vieja, enferma y con enormes carencias, pero rechaza la ayuda de la asistencia social, incluso a veces la de Janna que debe aprender a descubrir por sí misma en lo que la puede atender. tiene todo el derecho a tener y expresar sus sentimientos, Janna compartirá sus recuerdos, sus afectos y sus rencores, la vergüenza ante sus miserias, y sufrirá con su temor ante el dolor y su rabia ante la muerte.

El libro resulta duro y a veces desagrada incluso su lectura. La autora nos pone ante temas que preferimos ignorar y apartar, porque nada tienen que ver con nosotros: la enfermedad, la vejez, la soledad y la muerte, pero también el dolor, la decrepitud, la suciedad, la dejadez, el miedo al dolor, la injusticia por sentirse enfermo, la rabia por no querer morirse. Realidades que mantenemos alejadas de nosotros todo lo que podemos. Como mucho pueden suscitar en nosotros la compasión. Pero sin embargo, nos resulta difícil ver en las personas que se encuentran en esas situaciones, las ansias de sentirse queridos, sentirse atendidos.

Doris Lessing despliega en la obra Una mirada valiente, comprensiva y no escatima esfuerzos para evidenciar las injusticias, las incomprensiones. Encontramos referencias y críticas más o menos veladas, más o menos explícitas a mecanismos y recursos que las sociedades del bienestar ponen a disposición de las personas mayores y en condiciones sociales desfavorables. La actitud distante y profesional de los médicos, de los asistentes sociales, las de las enfermeras, personas de pocos recursos, que hacen un trabajo que otros no harían, pero que tampoco tienen inconveniente, llegado el caso, en robar a los pacientes.


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sobre mí

Me resisto a dejar aquí, mi nombre, mi edad, el lugar de residencia o el estado civil ¿Venías buscándolo? Vaya, pues lo siento. Creo que a un presunto lector, o buscador de información por la red, lo mínimo que se le puede pedir es un poco de imaginación, ¿no? Si no me conoces, descúbreme por lo que leo, lo que escribo, lo que pienso, lo que cuento o lo que siento. Parte del misterio o la ignorancia, para inventarme como más te guste. Pues al Final, casi todo es cuestión de perspectiva. Si me conoces, ¿para que te voy a hacer perder el tiempo con minucias ya sabidas? Espero que te pueda ofrecer algo más novedoso y sugerente, pero sobre todo, digno de ser compartido. ¡Cuéntamelo!