Powered by Yahoo Search
Jazztelia TV Revista Túlallevas!

Crónica de una promoción no anunciada

envíado por libros | 17 Noviembre 2006 | 6 comentarios

La ganadora del Premio Ateneo Joven de Novela, Vanessa Montfort relata para Jazztelia, en primera persona, cómo ha sido su experiencia de promoción del libro. Un acercamiento inusual y ocurrente a la fama literaria

Cuando el presente es sólo el pasado más un día

Vanessa Montfort

“Qué es el presente, sino el pasado más un día”… Releo la frase mientras el tren me transporta como un nudo de electricidad por un cable y estampo un papel amarillo en la página 1 de mi novela, un sello que enviará esa cita, directa y sin escalas, al discurso de mi primera rueda de prensa en el Ateneo Sevillano. Me esperan aún nueve ciudades y acabo de recibir varios mensajes de amigos que me aseguran estar viendo El Ingrediente Secreto en Bilbao, Valencia, Barcelona, Coruña…

Me incrusto los auriculares en las orejas. Sí, puede ser un buen comienzo, porque el pasado viaja ahora entre mis dedos: un recorte de periódico del mes de junio donde aparecemos Eugenia Rico y yo, sonrientes y acaloradas, la noche del fallo.

Un poco antes la voz radiante del jefe de prensa de Anaya se había colado por mi teléfono: “¿Vanessa Montfort?, hola, soy Oscar Oliveira. Acabas de ganar el Premio Ateneo Joven de Sevilla. Coges un Ave y te vienes para acá”. El vuelo en Ave.

Las primeras entrevistas por el móvil mientras arrastraba mi maleta roja; mi futuro editor, Miguel Ángel Matellanes recogiéndonos en la entrada del hotel a las 11 de la noche: “¿por dónde entramos para que no las vea la prensa?”, le oigo decir, y yo: “¿pero qué prensa?” Los dramaturgos no estamos acostumbrados a estos excesos… me digo, mientras estudio mis ojos cansados sobre el cristal de la ventanilla. Sólo fuimos programados para recoger un ramo de flores —si se llega al estreno—, con una contenida inclinación de cabeza.

Parece todo tan reciente. Tamborileo sobre la portada naranja de El Ingrediente Secreto. Eugenia ha salido del vagón, hablando por el móvil. Garabateo: “Mi novela es un retrato de la España actual, como si la hubiéramos pillado sin maquillar, sin posar para la foto”, y vuelve como un boomerang el momento en el que cruzamos a escondidas las cocinas del Casino de la Exposición entre postres historiados, la llegada a la sala viscontiana donde nos esperaba el jurado, la felicitación de Caballero Bonald, Rodríguez Almodóvar… “Bonald aseguraba que Vanessa Montfort era un nombre inverosímil, un pseudónimo”, me confesó alguien con una risilla perruna, y la voz encorbatada de Oscar, ya en directo, que prendería la mecha de la promoción.

Y salimos de estampida cruzando una sala que se agigantaba con cada paso, donde, al alcanzar el escenario, sólo pude ver cientos de palomas histéricas volando a ras de las mesas: papeles, menús, abanicos, que trataban de remover el bochorno sevillano de finales de junio, mientras los fotógrafos atrapaban ese, nuestro instante, en un presente continuo que ahora, cuatro meses después, viaja conmigo de nuevo a Sevilla, creando un curioso bucle temporal.

Anoto: “Esta es la historia de un hombre y una mujer que buscan su ingrediente secreto, simultáneamente, en dos momentos de la historia de España”… Este titular le gusta a Jorge, pienso mientras le acepto a la azafata una bebida sin hielo. Por cierto, que a Jorge Eduardo Benavides, mi maestro, le da la risa cuando le llamo maestro, “¡así llaman a los taxistas en Lima!”, me replica siempre con su ironía amable.

Eso fue hace dos días cuando quedamos por La Latina para hablar de la presentación en Madrid, el mismo momento en el que alguien aprovechó nuestro, al parecer, muy evidente estado de concentración, para salir zumbando con mi bolso, mi cartera, móvil, tarjetas… ¡y billetes de Ave a Sevilla! De nuevo la voz sonriente y comprensiva de Oscar, al otro lado del satélite: “A ver, cielo, ¿pero cómo te los han robado?”. Puse los ojos en blanco y sonreí. Aún no había vendido un libro y ya estaba empezando a costarle dinero a la editorial.

Hace una hora, cuando me encontré con Eugenia en la estación, le relaté mi robo del fin de semana. “Ojo, porque si el caco decide viajar, ¡va sentado a tu lado!”, le advertí, y desde ese momento, cada vez que un viajero entra al vagón, ambas lo observamos con cierta sospecha.

Desde luego, por mucho menos, hay quien empieza a escribir una novela. Vuelvo a abrir la libreta y mis ojos se escapan tras la estela de luz en la que se está convirtiendo el paisaje. Escribo ahora con letras grandilocuentes: “El Ingrediente secreto es un viaje de 70 años. Una gymkhana por las calles del Madrid del s.XX, para descubrir qué piezas le faltan a nuestro s.XXI”.

Se abren las puertas del Ave y somos escupidas por el tren como una bacteria. Miro a mi alrededor y de pronto tengo la certeza de que todo, todo a partir de este momento vive ya en un inmenso presente: la estación de Sevilla, los periodistas ojeando el dossier mañana, las primeras críticas, nuestros rostros expectantes observándonos desde los marca-libros, carteles, postales, folletos, incluso mi primer paseo por las librerías al volver a Madrid, de la mano de Luis, quien me tapa los ojos, “quiero darte una sorpresa”, me susurra, y me lleva a tientas hasta el escaparate de La Casa del Libro.

Y allí se produce por fin ese extraño reencuentro que paraliza los relojes: bajo un cartel de novedades, como una gota de sangre suspendida en un bloque de hielo, mientras el tiempo se escurre veloz como la Gran vía, sobre el cristal que lo separa de mí, por primera vez.


6 comentarios - Escribe aquí tu comentario

lo dijo Marta Rodríguez el 17 Noviembre 2006 | 01:22 PM

Si la novela está escrita como este artículo, estamos en presencia de una autora que dará mucho de qué hablar. Que se aseguren el cinturón los consagrados, que aquí viene una AUTORA, así como mayúsculas.

Me he divertido mucho, gracias

lo dijo Antonio Muñoz el 17 Noviembre 2006 | 07:44 PM

Al terminar de leer la novela, comparto la opinión de Marta. Creo haberme encontrado con una autora que hace de la narración, con su excelente prosa poética, una filigrana que será del agrado de los lectores que busquen algo más que una historia bien conducida.

Dispone de esa pluma de rasgo preciso, poderoso y delicado que me ha sabido trasmitir, serenamente, el homenaje de su canto triunfal a la vida.

Vanessa: le deseo y auguro el éxito que merece.

lo dijo Cariñosa el 4 Abril 2007 | 01:00 PM

A mí me parece más que cursi. Demasiado rosa para mi gusto

lo dijo Rodri Gonzalez el 13 Abril 2007 | 01:36 PM

¿Cursi? Yo me la estoy leyendo y la novela entera es una bofetada.El recorrido por la historia presente más duro y lúcido que me he encontrado en mucho tiempo. Me la recomendó todo un kamikaze literario. Verdad Curro?

lo dijo lucho el 13 Abril 2007 | 04:18 PM

Estoy de acuerdo con Rodri. O Cariñosa no ha leido la novela, o no ha entendido nada. Es un texto serio y reflexivo. Nada partidista en ningun sentido. Literatura de verdad. Saludos.

lo dijo ANTONIO MONFORT el 30 Junio 2008 | 10:44 PM

La Familia Montfort , con T intercalada o sin ella , siempre ha sido desde Simon de Montfort , sabedora de sus necesidades y ha plasmado de una forma u otra un carisma muy especial . Vanessa desde peque ,fue lo mejor que nos aportó la naturaleza . Despues de decadas , me asombro y me alegra , aunque por otra parte pienso que otra persona no nombrada es la que debe llevar la gala y el honor. Felicidades , siempre soñé con ello.





sobre mí

Libros impresos y electrónicos. Ficción, realidad y virtualidad. Narrativa, ensayo, periodismo, poesía, inclasificables. Literatura y ciberLiteratura. Anécdotas y textos inéditos de reconocidos autores. Escritores grandes y enanos. Sacros y cotidianos. Comentarios, crítica, reseña, todo sin ambages. El canon y la periferia, novedades y rescatados. Todo lo que se publica cae en nuestras manos de una u otra manera. Si creo que merece la pena que lo leas, te lo digo.