Crónicas de la extrañeza
envíado por libros | 10 Julio 2007 | sin comentarios

Me gustó esa definición de la literatura. De la literatura de José María Merino, que se despliega en los cuentos. Porque Merino es un cuentista nato. Dueño de ese territorio misterioso, sugerente y breve de los cuentos. Y los cuentos de hoy son como los tiempos de hoy, días raros. El libro no podía tener, por tanto, otro nombre, que “Cuentos de los días raros”.
Ni siquiera hace falta recurrir a lo que ocultan las líneas en sus abismos para hacer una lectura de lo que Merino expone en este libro: su falta de sentirse cómodo en medio de la cotidianidad de tensiones a veces mínimas e inconscientes y, otras, catastróficas, deplorables. Son 15 cuentos. Y me gusta también que Merino los llama cuentos. Y no relatos. Son cuentos, sí; de los mejores cuentos que se pueden leer.
Destaco Mundo Baldería, que tiene un guiño a Monterroso, otro cuentista fabuloso: “cuando desperté, no desapareció”. Merino no habla de un dinosaurio, ¿o sí? ¿Quién o qué cosa es el dinosaurio de Monterroso? ¿Cuál el de Merino? Un hombre, alto, de ropas ajustadas, que se presentaba con recurrencia en los sueños del narrador, pero que, al arranque de este cuento, le habla, está a su lado, sin que el sueño medie. ¿Hay comienzo mejor? Son pocos los textos con tanta fuerza desde la primera línea.
Otro cuento maestro, íntegro, que entra en la médula como un pinchazo es “El fumador que acecha”. Un profesor de universidad ha dejado el tabaco; hay lucha; hay tentación; hay, sobre todo, nostalgia por aquel compañero fugaz, de tres minutos, que es el cigarrillo, que se renueva, que, como un parásito, se aloja en el cuerpo para siempre. Así que el fumador que acecha, no es un detective de gabardina y sombrero; ni un asesino a sueldo. Es lo que permanece dentro de cada adicto, así, como reza el título, esperando un desliz para atacar.
José María Merino. Cuentos de los días raros. 2007. Punto de Lectura . 225 p.
