Una madre y ocho hermanas encarnan la historia reciente de China
envíado por libros | 23 Octubre 2007 | sin comentarios
De primera impresión, y sin querer simplificar, “Grandes pechos amplias caderas”, el novelón de Mo Yan, que publica Editorial Kailas , me recuerda a “Los hijos de la medianoche”, la primera novela de Salman Rushdie. Son dos universos totalmente distintos, lo sé, India y China, pero en mi mente de lector occidental el aroma del ambiente indio de Rushdie, desequilibrado, machista y supersticioso, se cuela entre las páginas de Mo Yan, cuyo escenario padece de las mismas características.
Rebusco entre las páginas del indo-británico para encontrar similitudes (lo leí hace más de 10 años). Quizás lo que me induce a la comparación sea que los protagonistas-narradores de ambas novelas sean unos “elegidos”. En el caso que nos concierne hoy, el narrador protagonista es el único hijo hombre de una familia numerosa, lo que en la tradición china supone un privilegio con respecto a las hermanas y demás mujeres, quienes lo asumen en lo más profundo de su ser.
Pero quizás en la novela de Mo Yan sea demasiado catalogar a este narrador como protagonista, un rol que se diluye entre una cantidad de personajes cercanos, familiares todos, del narrador. Sus padres, ocho hermanas (a las que confiere un papel distinto dentro de la sociedad china) y sus respectivas parejas, además de un evangelizador sueco. El protagonismo real recae en Madre, violada por soldados, a punto de morir de las heridas, renace como el ave fénix en el capítulo 3, para iniciar el viaje, como una misión encomendada para su segunda oportunidad, en medio de un país que atraviesa transformaciones y mutaciones durante los largos años en que se ubica la historia: casi todo el siglo XX, que incluye la guerra entre China y Japón; la revolución maoísta, la Revolución Cultural (que se cuenta aquí desde otros ojos diferentes a los de Gao Xingjian, por ejemplo), la caída del régimen comunista puro de Mao. Mo Yan no se escurre de la otra gran metamorfosis de su país: el capitalismo dictado desde el Estado como dueño único de los medios de producción.
El narrador es rico en su propia existencia, y se constituye en un narrador parco que prepondera la acción a la opinión, cosa que se agradece y da agilidad a la novela. Es un hombre que necesita del contacto con el pezón femenino. Su madre le ha permitido jugar, succionar, tocar sus pechos incluso siendo hombre. Un juego que le transmite los sentimientos casi inextricables de su madre, según el sabor (a veces, a sangre), y que intenta también con otras mujeres de la familia, ninguneadas psicológicamente desde el momento en que están obligadas a vendarse los pies para deformarlos, que en ocasiones le permiten estos roces cuasi incestuosos, que no llegan a más.
Un episodio memorable, que vincula una y otra trama, la personal del narrador y la del país simbolizado por Madre, su madre, es cuando el narrador se dirige a un templo donde, con los ojos vendados por el satén, tocará los pechos de 120 mujeres, pechos que le hablarán, mientras él se purifica las manos, entre unos y otros, con la nieve.
Mo Yan. Grandes pechos amplias caderas. 2007. Editorial Kailas . 836 p.