La obra infame de Bryce Echenique
envíado por libros | 22 Noviembre 2007 | 2 comentarios
En “Las obras infames de Pancho Marambio”, reciente publicación de Alfredo Bryce Echenique, Bienvenido Salvador Buenaventura es un abogado peruano que ha logrado amasar una fortuna defendiendo en tribunales limeños a clientes de los que se sabe poco (¿vinculados tal vez al gobierno de Fujimori - Montesinos?) También resultan escasos los datos de la vida anterior de Buenaventura. Cansado de su vida laboral y quizás también del ambiente tercermundista de su país natal, y con las arcas llenas, decide exilarse voluntariamente, un retiro de la tercera edad, en Barcelona, donde contacta a algunos exclientes que conoció en Perú. Decide quedarse en la ciudad condal, comprar un piso y dedicarse al ocio y al turismo como únicos pasatiempos.
Entre las personas que llama Buenaventura se encuentra Gérard y Pancho Marambio, dos personajes antagónicos. Uno es como el angelito bueno que se posa sobre el hombro derecho y el otro como el diablito que está en el izquierdo. Uno le da desinteresados consejos y advertencias, y el otro abusa de su confianza, sin ninguna dilación ni disimulo. Hasta aquí una trama muy propia del escritor Alfredo Bryce Echenique.
El problema está en que estos personajes responden al estereotipo sin imaginación.
El prota Buenaventura no tiene mayor complejidad que los otros dos personajes. Es el retrato de una víctima. ¡Pobre víctima! Protagonista plano, que opone poca resistencia a las vicisitudes que se le presentan y que amenazan con arruinarle y que, de hecho, le amargan. A su “cojudez”, por decirlo con palabras peruanas.
La diferencia entre esta novela y otras que han consagrado a Bryce, como “Un mundo para Julius” o “El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz”, e incluso de otras menos ingeniosas pero con destellos de esa genialidad tan bryceanas, como “El huerto de mi amada”, es abismal. “Las obras infames de Pancho Marambio” carece de cualquier reminiscencia que certifique que ha sido escrita por un autor de la talla del que escribió las anteriores obras. Nada brillante, se torna repetitiva, forzada en su gracia, Bryce no logra crear una voz narrativa convincente, si es que lo pretendió. Nada hay de Martín Romaña.

La trama da vueltas en su propio derredor, sin avanzar, sin verosimilitud. No hay nada cercano a los saltos de puntos de vista narrativos que caracterizaron la escritura de este autor. Decepcionante. El libro tiene un tamaño de letra digno de libros para niños de 3 años, que refuerzan la sensación de estar leyendo un borrador.
Alfredo Bryce Echenique. Las obras infames de Pancho Marambio. 2007. Planeta . 182 p.
2 comentarios - Escribe aquí tu comentario
- lo dijo Agustín el 3 Enero 2008 | 09:34 AM
Te recomiendo la lectura de La leyenda del santo bebedor, de Joseph Roth. Cuando conoces al padre, los hijos te dicen poco. Resulta fuera de texto tu crítica a tamaño de letra. Eso es cosa de imprenta, no de autor. El título es lo que desorienta. Roth, más que Rulfo, contando con los autores de cuentos que cita. ¡Salú!
- lo dijo suetonio el 3 Enero 2008 | 10:06 AM
Buen link literario, Agustín. Leeré el texto de J. Roth.
Es cierto que el tamaño de la letra no corresponde, necesariamente, al autor. Pero una crítica también se hace al editor, que incluye cuestiones como esta, o erratas, o una pregunta: ¿cómo publicas este libro?
Pero en algunos casos el autor se sirve de su nombre para decirle al editor: aquí está la novela (y en realidad es un relato) que te debo por el adelanto aquel, o el premio que me diste (o me darás) y que no ha sido saldado con las ventas, etc.