“Todo lo que llamamos azar es profecía”
envíado por libros | 6 Diciembre 2007 | sin comentarios
Entrevista con David Hernández de la Fuente, autor de la novela Continental.
¿Tu estructura de naipes y mazos está inspirada en los experimentos literarios de Calvino con el grupo Oulipo, o de Pavic y su novela crucigrama Paisaje pintado con té?
Conozco y admiro a Calvino, pero confieso que no he leído esa obra, ni la otra que citas. Sí se trata de un experimento. Otro ejemplo clave sería Rayuela. Naturalmente no me comparo con ninguno de estos autores, aunque supongo que la intención de mi libro es la misma: un juego narrativo, una narración experimental con diversas lecturas y desenlaces que pueda llegar a distintos tipos de lector: desde el que prefiere el relato con la lectura de los naipes sueltos hasta quien quiera buscar el hilo temático o de personajes que conduce a la novela de fragmentos.
Sin embargo, la estructura (el uso de "comodín" al principio y final, por ejemplo) me recuerda a un álbum de Pink Floyd: Animals o The wall (cosa que se ha empleado otras veces, como Javier Calvo en El Dios reflectante en donde cita a Marilyn Manson).
Los comodines de Continental son en cierto modo fantasmales. Se usan en momentos clave del libro, como una comunicación con otro universo. La estructura del libro, en forma de naipes, se me ocurrió durante un verano tormentoso que pasé en una isla griega (y jugando mucho al juego llamado “continental”). A esta estructura formal hace referencia, entre otras cosas, el título del libro, que tiene tres secciones: La mano, con sus trece naipes, La carta descubierta y El mazo de cartas. (“Continental”, además, es un libro que “contiene” otros libros... el título tiene otros usos internos). En cuanto a la música, hay que decir que llena el libro de principio a fin: las referencias a Schubert, por ejemplo, o a la música de los sesenta y los ochenta, son muy claras. La música pop es especialmente importante para los mensajes del libro, tanto que uno de los personajes llega a decir: “Exhausto, caí de rodillas. Comprendí que todo lo que llamamos azar es profecía y proviene de un dios o de un cantante de pop”
Otra vez, Calvino y El castillo de los destinos cruzados: él escribió el libro según lo que le dictaba el tarot. ¿También dejaste que el azar te guiara cuando escribiste el libro?
Hay una hermosa cita de la Apologia de Socrates platónica con la que me gustaría responder: “Al fin comprendí una cosa sobre los poetas, que lo que componían no lo componían por mor de su ciencia, sino naturalmente, bajo inspiración divina, como los adivinos o los profetas oraculares, pues también estos dicen muchas y hermosas palabras, sin comprender nada de lo que dicen”. Este libro fue efectivamente escrito al dictado azar, porque trata temas demasiado serios para dejarlos en manos de cualquier tipo de planificación. El desamor y sus síntomas, la locura, el viaje subterráneo al interior de uno mismo, el horror existencial... Todo eso, por desgracia y como sabemos, está en manos del azar más absoluto y de tal manera convenía abordarlo.

¿Qué decidió que un personaje fuera una carta y no otra? ¿O fue la carta la que te impuso al personaje?
Podría decir que cada naipe tiene un sentido preestablecido. De hecho, en algunos casos (nueve de corazones, rey de picas, as de diamantes) parece más bien obvio. Pero no creo que importe la hora de disfrutar de la lectura de este libro. Seguramente sea mejor dejarlo también al albur del dios desconocido de la literatura. En todo caso, será el lector el que, combinando personajes, historias, naipes y situaciones, elabore su novela ideal, que es lo que, en definitiva, se trata de hacer con el experimento de “Continental”.
Cambias constantemente el registro de voz: primera, segunda, tercera persona. Pero mantienes un mismo narrador. ¿Cuál es tu cercanía autorial con respecto a tus personajes? ¿Hay alguna clave en esta relación?
Como te decía ahora mismo, el autor ideal de este libro es el propio lector. Pero hay ciertas claves que unen el desarrollo de la partida y le dan coherencia. Son personajes comunes a todas las “cartas”, fantasmas que deambulan por el libro: al menos hay un hombre y una mujer, en diversas etapas de su vida y amor, en mundos paralelos. Luego está la mirada externa de un merodeador. Este observador tal vez sea el autor, a veces uno de los protagonistas... y, por qué no, el lector y su punto de vista. Las distintas personas de la narración no hacen sino abundar en esta multiplicidad de miradas.
¿Por qué sentarse en el bar “Continental” (de St. Marks) y no en el “Starbucks”?
¡Una pregunta crucial! Si uno quiere sentirse como en el salón de casa, calentito y seguro, elegirá el “Starbucks”, por supuesto (es la clave del éxito de tal establecimiento). Pero hay otra opción: literaria y vital. Quien prefiera un arriesgado viaje interior –con todo el horror que eso puede significar– se sentará a beber una cerveza ante la barra del “Continental”, donde oirá y contará historias inquietantes sobre sí mismo. Creo que la elección tiene mucho que ver con el tipo de literatura que defiendo, frente a otra más convencional.
Como Rulfo, ¿crees que la muerte es el buen final para toda historia?
¿Es que acaso hay otro final?