El Norman Mailer más irónico reta a la Historia
envíado por libros | 12 Diciembre 2007 | sin comentarios
Una lectura superficial del último libro de Norman Mailer, “El castillo en el bosque”, puede dar la impresión, incorrecta, que se trata de una novela histórica, basada en la vida de Adolf Hitler, que da cuenta de su perversión pues es un agente guiado por el mal, por el mismísimo diablo que incluso estuvo en el momento de la procreación del líder nacionalsocialista alemán que tanta crueldad dejó al mundo. Y que es la presencia del Maligno el que hizo que se cometieran tantas atrocidades.
Al principio, la lectura descoloca. Porque comienza un narrador que se presenta como pupilo de Himmler, uno de sus oficiales más destacados, encargado de averiguar si el abuelo de Hitler era judío, como algunas pruebas parecían indicar. Pero pocas páginas más allá, este narrador se desenmascara y dice que no, que no es verdad que sea un nazi del aparato de inteligencia, sino un súbdito del diablo, encargado de vigilar a una familia donde suceden, en cada generación, relaciones incestuosas. Aquí el lector se rasca la cabeza, y se pregunta: ¿Qué está pasando? ¿Cómo un autor de la talla de Mailer comete este desvarío? Y la pregunta correcta: ¿Cuál es la intención de este autor que ha demostrado que puede hacer con las palabras lo que se le antoja?
Mailer no es un novato. Y lo demuestra en este libro, su última obra, su legado póstumo. Mailer reta la memoria, siempre demasiado respetuosa, del Führer. Siempre distanciada, siempre seria. Mailer se viste de boxeador, deporte que tanto disfrutó, sube al ring y le dice: Hitler, ven, vamos a ver quién cae primero, voy a destrozar tu recuerdo con este libro. Haré lo que nadie ha hecho hasta ahora: me burlaré de ti. Los guantes de Mailer son la ironía y la saña, pues no duda en patear a su adversario cuando ha caído. Y, al final, dice: se lo merece y le escupe. Eso sí, no alza los brazos. La victoria no es suficiente.

Cómo lo hace. Pues ataca al nazi desde sus raíces, con la teoría que endilga a Himmler: sólo los hijos del incesto pueden ser genios. Y Hitler es un hijo del incesto en primer grado. Su madre era hija de su padre, porque, siendo descendiente de campesinos alemanes, era frecuente que fornicaran entre sí, hermanos con hermanas, padres con hijas, madres con hijos. Y esto es un ataque evidente a los alemanes. No les exonera: fueron colaboradores necesarios del régimen que utilizó las cámaras de gas. No hay clemencia, ya digo.
Y desarrolla toda la entrega de unos y otros, las preocupaciones, el excesivo celo de su madre hacia él, tanto que rechaza al padre. Todo ante los ojos de este demonio narrador que sabe que el chico es el elegido para realizar hazañas que halagarán a su maestro del mal. Así que la narración se centra en su madre Klara; los hermanastros, el padre, Edmund, a quien Hitler ayuda a matar, por lo que la primera misión importante de este demonio que cuida de Adolf es eliminarle el sentimiento de culpabilidad. Mailer se emplea a fondo, golpea donde duele. Mailer se creyó llamado a saldar cuentas con la historia y los historiadores. Y las salda.
Norman Mailer. El castillo en el bosque. 2007. Anagrama . 519 p.