A Place To Bury Strangers, ¿la copia supera al original?

La función de cualquier expresión artística es inspirar otras obras, por mucho que les pese a algunos músicos. Lo de pisar terrenos inexplorados y abrir vías desconocidas son ideas que quedan bien en la teoría, pero el pan nuestro de cada día es el trabajo continuado; horas de local de ensayo, pruebas en el estudio de grabación y giras. Además, como punto de partida siempre está la música de una banda que funciona como modelo. En esa fase se ha pasado casi 15 años Oliver Ackermann, un seguidor de Jesus And Mary Chain y My Bloody Valentine que ha ensalzado a sus grupos de cabecera haciendo música en diferentes proyectos.

Con el último, A Place To Bury Strangers, ha dado el paso adelante que hasta ahora no había acometido y que tampoco parecía buscar: ir más allá de sus influencias. Suenan al grupo de los hermanos Reid, a The Cure o a Joy Division, pero son tan arrebatadoramente violentos, misteriosos e hipnóticos que es como si acabaras de descubrir el “Psychocandy” o “Pornography”. La clave está en sus pedales de efectos, creados por Ackermann, que desde hace unos años tiene su propia marca de cacharrería vintage, Death By Audio.

A Place To Bury Strangers estarán tocando en el Primavera Sound.

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