De subastas de rock

El afán de los mitómanos por poseer algo que perteneció a su ídolo llega a veces a lo absurdo. Hoy leo en una noticia que publica la web Efe Eme que se va a subastar la primera guitarra que quemó Jimy Hendrix en un escenario. El instrumento en cuestión acabó chamuscado después de un concierto en los cines Astoria de Londres, en marzo de 1967. Aunque este dato es poco relevante dado su estado, el modelo es un Stratocaster de Fender. No le veo mucho sentido como fetiche a poseer esta guitarra: ni se puede tocar, ni luce en el salón. Lo curioso es que los organizadores de la subasta han calculado que llegará a un valor de 190000 euros.

Tengo que confesar que cada vez que leo algo sobre subastas de cosas relacionadas con el rock, me acuerdo de que yo tengo la manga de una camiseta de Morrissey. En mi caso no luce en un lugar privilegiado, sino que está metida en un armario esperando por algún amigo fan que se la merezca. Para endulzar el presente, debo confesar que me hice con ella en el concierto del AV Festival de Fuengirola, su primera actuación como solista en España. Han pasado ya unos cuantos años y por una razón u otra al final nadie me insiste mucho para que se la dé. A lo mejor me acaba sacando de pobre y consigo un jugoso dinero extra subastándola. Lo único malo es que Mozzer tiene la curiosa manía de sacar pecho en escena y lanzar la prenda al público. Con lo cual el mundo de las subastas debe estar lleno de prendas del que fuera líder de los Smiths.

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