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La Selección y su fracaso

Menos de un mes para el debut mundialista de la Selección. Estamos a tiempo de no perdernos, que luego vienen los calores, los golpes en la mesa y alguna pequeña crisis cardiaca a causa de un nuevo fracaso de los que visten ‘la roja’.

No es extraño que España sólo tenga en su haber una Eurocopa –que data de los 60- y unos JJ OO, competición considerada como menor. ¡En Barcelona ya hay más títulos europeos que en la Federación Española! Tiembla Acebes...

Bromas aparte, todo tiene su explicación. Aunque bien es cierto que el fútbol no es ninguna ciencia, que su atractivo reside precisamente en que suele ser impredecible, sí se pueden hallar evidencias de nuestro fracaso. Los niños –y sus padres, que es lo peor- cuando empiezan a soñar con jugar al fútbol, con que decenas de miles de personas llenen estadios y coreen sus nombres, piensan en hacerlo defendiendo la camiseta de su Madrid, su Atlético... e, incluso, los más idealistas, la del equipo de su pueblo. Si Villarreal ha llegado, ¡por qué no un Alcoyano de Champions!.

Todo eso está muy bien, no deja de ser saludable. Pero vayamos a Brasil, pensemos en Italia, en Francia, en Inglaterra. Allí todos sueñan con defender la bandera de su país y llegar a lo más alto bajo sus colores. Existe una conciencia colectiva de equipo que se ha gestado desde la cuna. Aquí es más bien una selección de jugadores de diferentes equipos, en su sentido más estricto. La Furia no basta para ganar Mundiales. Talento no falta; carácter, orgullo y sentimiento de unión, a raudales.

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sobre este blog

Neruda, Casanova y Pulitzer. Tres nombres, un espejo.

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