Rase Kenzo, enemigo Número 1 de Second Life
Genial, me parece que el hampa se desate en el “mundo virtual” de Second Life. No por virtual, es idílico, ya se ve. La historia es como sigue: un avatar llamado Rase Kenzo acudía a distintas tiendas que han abierto sus puertas en este universo. Lo que le gustaba, lo sustraía. Su personaje no era un ladrón, como se pretende demostrar ahora. Esa es la gran diferencia con el mundo real. 
Kenzo lo anhelaba y, chachán, lo encontraba en su casa, o en la calle o en su mano, por arte de magia. Se lo pedía a su creador, quizás rezaba o, como es el caso, se comunicaba directamente con él. Ese dios de Second Life, que conocía sus deseos, pensamientos y sentimientos, era Thomas Simons, neoyorkino de 36 años, dueño del avatar Rase Kenzo.
Simons copiaba el código de los artículos, que se venden a cambio de dinero real. Es decir, Second Life tiene una moneda con paridad cambiaria de 250 x 1 dólar. La moneda se consigue a través de un abono de Visa u otra tarjeta de crédito. Simons quería complacer a su engendro, sin gastar un centavo. Así que, una vez conocido el código del artículo, en este caso, objetos sexuales de una tienda erótica llamada Eros, lo copiaba, con lo que re-creaba el objeto y lo entregaba a su personaje.

La tienda acudió a tribunales. Pero no al juzgado de Second Life, como debería ser. Hizo la acusación en Brooklyn. Ahora comienza el juicio, con jurado, juez y abogados, todos reales. El dios de Kenzo podría ir a la cárcel real.
Interesante, quizás absurdo y quizás no.