Google contradice los preceptos de Steve Jobs: más prestaciones y menos diseño
El Gmail tiene cambios. Como es usual en los servicios gratuitos de las grandes compañías, el servicio se cambia, remoza y los dueños (que no el usuario) imponen nuevas condiciones. El usuario se entera cuando clica, nunca una carta, ni un anuncio, ni un gracias por tu apoyo y trágate mis anuncios publicitarios.

La historia es la misma con Gmail de Google, aunque, en este caso, el usuario sufre menos trauma porque el diseño apenas se altera (aunque yo no he logrado encontrar cómo se hace ahora para buscar un contacto único dentro de la lista de contactos). Y lo que promociona Google es más almacenamiento, que ya era mucho.
Las otras novedades no son para dar saltos. Más que prestaciones nuevas, son formas de cobrar el servicio gratuito: ¿un nuevo gestos de contactos? No, es un lector de direcciones electrónicas, para agrandar un banco ya gigante de correos reales. Aún no se utiliza con fines comerciales, pero nombres, direcciones y otros datos personales de gente real están allí, en la gran memoria de Google. Y, por supuesto, forma parte de su capital.

¿Integración con Google Docs? No es más que la estrategia de Gates: intrincar los servicios unos con otros para destruir la competencia. Un monopolio en surgimiento.
Pero, en contradicción con todas las lecciones de Steve Jobs y Apple, el diseño permanece básicamente igual. No será por la pirotecnia, minimalismo arquitectónico de tendencia vanguardista o colores puros que Gmail captará más adetos.