Tecnología ecológica: patrañas nada más
La ecología está de moda. Millares de impostores se anotan para militar en las filas de los “verdes”, sin querer renunciar a sus comodidas magnánimas de, por ejemplo, cientos de litros de agua diaria usada sin ahorro, o menos electricidad. Por ahí hay ecologistas de congresos en Islas Canarias (que escriben en periódicos) que defienden a rajatabla que “caminar” es el mejor medio de transporte que hay, pero viven en Las Rozas y se trasladan al centro de Madrid en coche propio. En fin, que la ecología vende, desde neveras hasta conciencias.

La tecnología no deja de adherirse a estos pregones hipócritas. ¿Por qué hipócritas?, dirá cualquiera: ¿Alguien ha visto un TV de plasma y energía solar? El último dispositivo popular que ha tenido energía solar ha sido la calculadora, en los tempranos 80. Desde entonces no hay ni juguetes infantiles ni eletrodomésticos que vengan con un sistema de paneles solares para funcionar. Ni móviles ni ningún otro aparato ha salido a la venta. Eso sí, prototipos, como los coches de pedales, hay muchos.
Pero los fabricantes se inventan cosas bonitas para obtener, o inventar, “sellos verdes” que les permitan ganar a un comprador hipócritamente responsable: ahorro de 50% energía en los electrodomésticos, baterías de glucosa o de hidrógeno, materiales de bioplástico hecho con fécula de patata y vehículos que se mueven con biocombustible. Y en todo esto, que suena muy bien, no hay nada de revolución verde. Al contrario. Sustituyen un material por otro pero no sólo se consume lo que se utiliza en el aparato. Para el biocombustible o para el bioplástico se necesita sembrar mucha más materia prima: vegetales, ya sean patatas o apios, da igual: hay que deforestar, utilizar pesticidas y, lo peor, no vender estos alimentos para consumo humano sino para la industria tecnológica.

Y en todas estas innovaciones que leo sobre aparatos electrónicos que ahorran energía, como cadenas de sonido, televisores, cocinas, etc, no encuentro por ninguna parte la proscripción de la lucecita roja del Stand By. Esa lucecita que hace que en Europa cada noche se consuma más que en toda Centroamérica en un mes. Esa lucecita que a nadie preocupa, y que con sólo eliminarla de las máquinas ahorraría más energía que todas las innovaciones que se presentan en ferias de tecnología de estos días.
Ya lo hemos dicho: patrañas, marketing y mucha hipocresía.