Un pueblo alemán: Rothenburg
Uno de los pueblos más bonitos de los que vi el año pasado es el pueblo alemán de Rothenburg, rodeado de una muralla, con una plaza mayor típicamente alemana que puede verse desde las alturas ya que se puede subir a la torre de uno de los edificios que la circundan. De la plaza sobresale uno de esos edificios clásicos de la zona en las que el desván tiene más alturas que la propia casa, con un carillón (que no vi) que hacía estar a la gran cantidad de turistas que había en el pueblo mirando la fachada desde diez minutos antes de la hora señalada.
Es muy recomendable, además de recorrer todas las calles de la ciudad, dar un paseo por los alrededores de la muralla, sobre todo en un día soleado en el invierno, con restos de nieve en las zonas de sombra, como en el que fui yo. Además, el pueblo destaca por tener una de las mayores jugueterías del mundo, de muñequitos de madera.